Lo ficcional: una nueva perspectiva para aprehender la frontera. Reseña de libro

Por Ulises Vladimir González Bravo1

En su último libro que lleva por título Filosofía orientada a la frontera. El «entre» de lo real y lo ficcional (2025), publicado por Editorial Gedisa Mexicana, Roxana Rodríguez Ortiz propone un análisis basado en la deconstrucción de la mirada antropocéntrica que privilegia al sujeto de razón o sujeto que enuncia por encima de la representación del objeto (sea un muro físico o invisible, las distintas zonas de convivencia que se hallan alrededor de una frontera territorial, etc.).

El propósito de esta obra consiste en deconstruir la frontera y conceptualizar el «entre» de los límites: lo que permanece dentro de ambos lados de dichos límites con el fin de mostrar las contradicciones presentes en las políticas fronterizas, pues estas solo se ocupan de disminuir algunas prácticas o abusos de autoridad, fortalecer el control fronterizo, reordenar los flujos migratorios, pero no erradican la construcción de muros, el cierre de las fronteras, la desigualdad y las guerras que están por venir.

Para desarrollar e incluir la propuesta filosófica del «entre» en su modelo epistemológico de la frontera, Rodríguez Ortiz se basa en el análisis que realiza el filósofo alemán Markus Gabriel, quien considera que el «entre» forma parte del Nuevo Realismo.[1] Esta propuesta del «entre» se  apoya en “un concepto positivo que capte la línea entre los polos de polarización”, por lo que Gabriel sugiere que “es necesaria una política del entre y al no existir conceptos para ello, la filosofía tiene el deber de desarrollar un concepto positivo del entre”.

Asimismo, Rodríguez Ortiz explica que la diferencia que encuentra con la propuesta de Gabriel consiste en que el «entre» no es un concepto (ni positivo ni negativo), afirmando que también puede ser un acto: el acto de cruzar, de ser cruzado o de la imposibilidad de cruzar. Así como una experiencia de pasar o no pasar, de llegar, de esperar, de permanecer en el limbo administrativo, una herida abierta, una tercera lengua o un tercer país. Por ello señala al «entre» con comillas francesas, pues considera que, dentro del lenguaje, esta palabra puede tener mayor significación y cumplir funciones diferentes a la preposición.

En este texto Rodríguez Ortiz también da muestra del potencial epistemológico, estético, ontológico que puede alcanzar el «entre» de las fronteras y los límites e incluso político, tal y como afirma Gabriel.

Rodríguez Ortiz explica que el nombre de la Filosofía orientada a la frontera (FOF) está inspirado en la Ontología orientada al objeto OOO del filósofo estadounidense Graham Harman. Esta postura filosófica propone pensar la frontera como lo que es en sí, como algo que existe independientemente de la percepción humana, sustituyendo la relación sujeto-objeto por la de objeto-sujeto. Un punto importante de esta propuesta filosófica es que desplaza al sujeto del centro de la discusión filosófica, permitiendo contemplar otras posibilidades para concebir la verdad.

Del mismo modo, comenta la relación que existe con su investigación denominada ecología del afecto, donde aborda el «entre» de la Gaia (ser vida), donde desplaza del centro el estudio del ser humano, con el fin de proponer epistemologías que deconstruyan el antropoceno [2], reconozcan y respeten el valor del ser vida. Por ello considera que es indispensable el desarrollo de una ontología que incorpore diversas epistemologías, a fin de construir otras éticas que contemplen al ser vida (Gaia). Algo similar con la ética crítica de Dussel, aunque esta se basa principalmente en la defensa de la vida humana, también lleva implícita una relación de respeto hacia la naturaleza, dejando ver que esta no debe ser vista como instrumento de explotación mercantil, pues la coexistencia es parte esencial del ser-vida.

También explica que lo ficcional describe aquello que se puede percibir a partir de una experiencia estética-ontológica, la cual sirve para explicar y desarrollar nuevas epistemologías, como la experiencia de permanecer-esperar indefinidamente en el «entre» de una frontera o estar en el limbo administrativo; siendo un muro, una muralla, un obstáculo legal (ley migratoria), una malla metálica, el objeto ficcional que representa y posibilita la experiencia del no pasar. Por eso afirma que la frontera, el límite y el «entre» son objetos de análisis, objetos ficcionales que le dan sentido a la filosofía orientada a la frontera.

Asimismo, Rodríguez Ortiz menciona que al estudiar los objetos ficcionales como manifestaciones ontológicas y los modos de existencia que habitan el «entre» de las fronteras, se ha encontrado con algunas contradicciones (aporías) que han permitido vincular lo real con lo ficcional, logrando conceptualizar los objetos ficcionales. Es decir, la aporía es una herramienta indispensable que le ha permitido problematizar y teorizar dichos objetos, los límites, las fronteras y la experiencia ontológica y estética del «entre».

Con base en lo anterior, Rodríguez Ortiz explica que el «entre» de las fronteras es en sí una aporía que se hace presente a partir de la experiencia del no pasar la línea fronteriza de otro país, pues a su vez hace posible el encuentro dialógico con el otro. Con ello, da muestra que el «entre» lleva implícita la contradicción en la experiencia de no pasar.

Igualmente, muestra que en los límites encuentra tres aporías. La primera es la prohibición, indicando que la razón tiene una infinidad de límites, mismos que han sustentado diversos sistemas filosóficos hasta la actualidad. La segunda consiste en su espacialidad-temporalidad, cuando es pensado como algo permanente, pero esto es relativo, pues varía de acuerdo a la percepción de su significado. La tercera es la contradicción de su origen, pues se piensa que los límites han sido originados por alguien, pero solo es posible percibir las huellas, señas reales o simbólicas de lo que nos limita. 

Con respecto a la frontera Rodríguez Ortiz identifica cuatro aporías. La primera es la contradicción sobre su materialidad. Cuando se cree que las fronteras son fijas, inamovibles e impenetrables, pero en realidad son artificiales, plásticas y porosas. La segunda contradicción la encuentra en su utilidad, ya que se piensa que sirven para restringir, controlar, resguardar, pero solo fortalecen la retórica nacionalista basada en la defensa de la soberanía, la ciudadanía y el territorio. La tercera aporía consiste al definirla solo como aquello que divide, pero también permite construir nuevas ontologías y epistemologías fronterizas. La cuarta es la contradicción de su trazo, pues es un error creer que solo el humano puede trazarlas, ya que muchas forman parte de la naturaleza. Con base en estas aporías y el uso de los objetos ficcionales que representan la frontera, Rodríguez Ortiz muestra que existe una realidad fronteriza independiente del sujeto.

Esta obra se compone de cuatro parágrafos y un epílogo. En el primer parágrafo titulado Filosofía orientada a la frontera, explica cómo se diferencian los estudios migratorios de los estudios fronterizos. Los primeros incorporaron a su campo de estudio una línea de investigación denominada movilidad humana, la cual ha añadido otras experiencias de tránsito, aquellas que son producto del desplazamiento forzado de poblaciones (refugio, asilo) y las que son causadas por las políticas antinmigrantes en todo el mundo (deportación y retorno). Además, deja claro que los estudios migratorios no fueron los primeros en estudiar los límites y las fronteras; ya los geógrafos y los cartógrafos habían realizado aportes para la configuración de los Estados nación y la geopolítica moderna.

Los estudios fronterizos, desde sus diferentes enfoques, se encargan de estudiar y analizar todo lo relacionado con las fronteras, siendo este el eje de estudio principal, por lo que la migración pasa a ser el objeto de estudio secundario. El fundamento epistémico de la filosofía orientada a la frontera se basa en defender que el límite y la frontera no solo se analizan como fenómenos de control o acontecimientos, sino como también como objetos ficcionales.

En el parágrafo dos que se titula Epistemología orientada a la frontera, Rodríguez Ortiz plantea el modelo epistemológico de la frontera, un contra-método conceptual que busca invertir la perspectiva antropocéntrica que somete al objeto. Esto con el fin de transformar el devenir del pensamiento fronterizo. Rodríguez Ortiz comenta que la idea de este modelo surge a partir de la propuesta de Seyla Benhabib, referente al modelo epistemológico de la cultura. Este consiste en reafirmar la necesidad política del diálogo cultural basada en la “reconstitución de las fronteras del sistema de gobierno, a través del reconocimiento de las reivindicaciones de grupos que han sido denostados históricamente y en la reconstitución de las identidades colectivas”.

Este modelo se compone de cuatro momentos:

  1. Identificación de las zonas de convivencia fronteriza donde tuvo observación participante. Este estudio lo realiza a partir de la experiencia estética-ontológica de viajar por distintas fronteras, cruzarlas de ida y vuelta y platicar con la gente. Estas zonas de convivencia fronteriza le permitieron ampliar su perspectiva sobre la realidad fronteriza, dándole mayor sustento teórico al modelo epistemológico de la frontera. Asimismo, señala que estas zonas de convivencia están compuestas por tres tipos de fronteras: una frontera geopolítica que surge como resultado de un proceso de anexión y ocupación. Una frontera lingüística, ya que, a raíz de hablarse una lengua distinta entre uno y otro lado, da origen a una tercera lengua, como el spanglish en la frontera México-EUA. Una frontera religiosa donde se practique una religión distinta en ambos lados de una frontera geopolítica. Con base en ello, Rodríguez Ortiz identifica que estas fronteras están presentes en tres zonas de convivencia fronteriza: la frontera México-Estados Unidos, la frontera Marruecos-España y la frontera Israel-Palestina.
  2. Composición de las categorías de frontera. En este momento explica que para realizar esta composición fue necesario establecer la relación que tiene el concepto-frontera con la historia, con la ciencia y con el Estado-nación, etc. Estas   relaciones entre objeto-objeto la sintetizan en doce categorías: 1. Frontera sociohistórica. 2. Frontera de la securitización. 3. Frontera glocal. 4. Zonas de convivencia fronteriza. 5. Zonas de convivencia en limbo administrativo. 6. Frontera horizontal. 7. Frontera vertical. 8. Frontera hospitalaria. 9. Frontera interregional. 10. Frontera interna. 11. Frontera ecológica. 12. Frontera ficcional.
  3. La Ontología del Espacio Diegético desplaza la visión antropocéntrica del estudio de las fronteras, favoreciendo el bucle horizontal que da cuenta del significado de los objetos que se encuentran en el «entre» de las fronteras: el muro, el puente, la puerta y los objetos ficcionales considerados artefactos de control que son impuestos por otros.
  4. Escritura de la narración fronteriza. En este momento Rodríguez Ortiz explica que la intención de diseñar otras maneras de narrar surge durante sus primeras investigaciones, al momento de analizar la literatura chicana y la literatura fronteriza del norte de México. A raíz de ello propone desarrollar una escritura basada en la narrativa (contar historias) u otras formas de escritura que den cuenta de las experiencias en las zonas fronterizas, donde se reúnen diversas prácticas o costumbres, una infinidad de fenómenos y una polifonía de experiencias estéticas. Entre estas, creo que se encuentran los corridos musicales que narran la vivencia de los migrantes que intentan cruzar la línea, dando cuenta de la realidad fronteriza.

En el parágrafo 3 titulado Estética orientada a la frontera, Rodríguez Ortiz explica que el propósito de esta sección es proponer teoría a partir de los objetos ficcionales de una frontera, como parte de la experiencia estética del sujeto que la percibe. Esta representación consiste en no condicionar la frontera a la intencionalidad del sujeto que la nombra, sino en explicar la relación entre el objeto real y el objeto ficcional del espacio que refleja la realidad fronteriza.

Por ello considera que aquello que se encuentra en el «entre» de lo real y lo ficcional de una expresión estética (sea un objeto, un grafiti o cualquier manifestación cultural) es el objeto que percibimos como experiencia estética. Para ejemplificar esta idea, Rodríguez Ortiz elige como espacio diegético el Muro (israelí) de Cisjordania que se halla a la altura de Belén y Jerusalén, cerca del campo de refugiados Aida. En esta zona de convivencia fronteriza, observó presencialmente la aporía de la experiencia de no pasar, ya que es un sitio infranqueable para la mayoría de palestinos. Contrastando esa realidad, analiza la expresión estética plasmada en ese muro: los grafitis y la llave, apoyándose en la OED y en la creatividad de la filosofía ficcional para mostrar que dichos objetos ficcionales reflejan la aporía de dicho espacio, la cual se aprecia mediante la experiencia estética.

En el parágrafo 4 titulado Ontología orientada a la frontera explica que el ser de frontera no existe a partir de la mirada o enunciación ajena, sino que el propio ser de frontera es el que hace posible su existencia en las zonas de convivencia fronteriza. También comenta que a través del contra-método señalado en el segundo parágrafo es posible analizar el ser de frontera a partir de la experiencia ontológica. La experiencia ontológica la define como la construcción performativa de la ejecución del ser de frontera cuando se encuentra con el ser frontera (el objeto ficcional). Para ejemplificar la ontología orientada a la frontera utiliza como espacio diegético “la puerta 36” de la frontera México-EUA, que se encuentra a la altura de Ciudad Juárez y El Paso. En esta zona fronteriza también observa la aporía de la experiencia de no pasar o de esperar, donde dicha puerta es el objeto ficcional que representa el límite físico que restringe el acceso. Con base en ello, desarrolla dos performatividades que le dan vida a la puerta (como ser frontera): la del guardia que controla el derecho de admisión y la del sujeto que permanece bajo control y vigilancia (migrante).

En el glosario se explican y contextualizan las categorías de frontera que forman parte del modelo epistemológico de la frontera. Un punto del epílogo que es necesario resaltar es que Rodríguez Ortiz deja claro que la filosofía orientada a la frontera no hace apología de la construcción de muros. Por el contrario, intenta mostrar que a partir de esta propuesta epistémica-ontológica es posible construir otros escenarios en las fronteras y visualizar lo que está por venir en el siglo XXI.

Conclusión

Esta obra permite comprender que es posible desplazar la mirada antropocéntrica que excluye el «entre» del ser frontera como objeto ficcional. Esta inversión epistémica-ontológica-estética permitió que la autora de esta obra pudiera abstraer la esencia del «entre» de lo real y lo ficcional en dos zonas fronterizas distintas como son el muro de la frontera México-Estados Unidos y el muro de Cisjordania, donde ambos cumplen la función de dividir políticamente dos territorios, haciendo posible la experiencia de no pasar y facilitar el diálogo y la convivencia con lo otro.

Recomiendo ampliamente esta obra pues considero que brinda nuevos aportes teóricos al campo de análisis de los estudios fronterizos, así como dentro de la filosofía, ofreciendo otras perspectivas para entender y reaprender las fronteras.

Bibliografía

culturacientífica.com. (18 de septiembre de 2014). Antropoceno: ¿Vivimos en un nuevo tiempo geológico? https://culturacientifica.com/evento/2014/9/18/antropoceno-vivimos-en-un-nuevo-tiempo-geologico/.

Pradillon, J. (30 de diciembre de 2024).¿Qué es el NouveauRéalisme? Artinsolite. https://www.artinsolite.com/es/post/qué-es-el-nouveau-réalisme.

Rodríguez Ortiz, R. (2025). Filosofía Orientada a la Frontera. El «entre» de lo real y lo ficcional. Gedisa Mexicana.


[1] El NouveauRéalisme, o Nuevo Realismo, es un movimiento que surgió en Francia a principios de los años 60. Fue fundado por Pierre Restany; este movimiento se basa en la idea de que la realidad misma puede convertirse en material artístico, transformando objetos ordinarios en obras de arte. (Pradillon, 2024)

[2] Es un término utilizado para describir la época geológica actual, caracterizada por el impacto profundo, duradero y global de las actividades humanas sobre la atmósfera y el ecosistema terrestre. Estos actos del ser humano han provocado cambios irreversibles como el cambio climático, desequilibrio y destrucción de los ecosistemas marinos, la acidificación de los océanos o la desaparición de los bosques, etc. (cultura científica.com, 2014).


  1. Ulises Vladimir González Bravo es estudiante de la licenciatura de Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM e integrante del grupo de investigación Estudios Fronterizos. Este texto forma parte de su investigación sobre migración, ética, filosofía y fronteras. ↩︎