Por Roxana Rodríguez Ortiz
Una victoria chicana / latina / mexicoestadounidense
No fue contra todo pronóstico que las elecciones de medio término del pasado 3 de noviembre, realizadas en Estados Unidos, nos sacaran una sonrisa a quienes hemos seguido muy de cerca los dos mandatos de Donald Trump (2017 y 2025). Este último quizá ha sido el más errático en múltiples dimensiones, especialmente por la criminalización de latinos, chicanos y mexicoestadounidenses a cargo de ICE en diferentes estados.
Las persecuciones perpetradas por agentes de inmigración basadas en un fenotipo particular cobraron la vida de varias personas y agudizaron la crisis migratoria, provocando un aumento inusitado de autodeportaciones de personas que por miedo a perder la libertad decidieron regresar a sus lugares de destino después de llevar décadas de vivir en “el otro lado”.
El poder latino que le dio la victoria a Trump en 2025 ahora también se la quitó. Los factores clave, desde mi perspectiva, fueron dos: la economía y la migración. Muchos de los votantes salieron a votar por sus familiares que no pudieron votar en esta ocasión. Muchos votantes jóvenes salieron a defender sus raíces, creencias y tradiciones. Muchos de los votantes decidieron alzar la voz en la urna y ya no solo tomar las calles como sucedió en junio de 2025 en Los Ángeles.
Si Trump pensaba que la estrategia de la espectacularidad del miedo había vencido a la población latina, chicana, mexicoestadounidense, se topó con pared y se le olvidó la historia del propio país que gobierna. Estados Unidos es un país de migrantes, pero también es un país que se anexionó territorios mexicanos en el siglo XIX.
Lo que los chicanos y mexicoestadounidenses no olvidan es que la lucha sigue. Como lo hicieron en los años sesenta del siglo pasado y como lo han seguido haciendo desde entonces. No es casualidad que lleguen dos gobernadores con ascendencia mexicana a Texas y California: Gina Hinojosa y Xavier Becerra, respectivamente.
Evidentemente esto no tiene que ver con una revancha histórica, tampoco hay necesidad de jalar agua al molino nacional, especialmente cuando también habrá elecciones el siguiente año en México. Este triunfo es de la población organizada, no de ahora, sino de varias décadas, que entendieron que el agenciamiento político suma y hace ganar elecciones. Que el Goliat se mantiene en el poder hasta que la ciudadanía lo decida o, siguiendo a Hegel, que el esclavo siempre será la antítesis del amo, hasta que se inviertan los roles.

Este triunfo azul de los demócratas en la frontera sur de Estados Unidos da un respiro a América Latina. México se cuece aparte por su codependencia con el país vecino (estará por verse si afecta o no al gobierno en el poder). Y posiciona nuevamente a la población chicana y mexicoestadounidense como ciudadanías nómadas, como comunidades revocadas, de mucha observancia y análisis para pensar la democracia.

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