Por Roxana Rodríguez Ortiz
Los drones llegaron para quedarse como artefactos de control, vigilancia y combate en las fronteras territoriales entre dos o más países. Estrategia de ciberseguridad en nombre de la seguridad nacional. Lo paradójico es que, en el caso de la frontera norte de México, estos son empleados por “civiles”, entiéndase crimen organizado, para traficar mercancía o personas; es decir, para controlar la frontera, algo que el Estado mexicano no ha querido o no ha podido hacer en lo que llevamos de este siglo. Mientras que en la frontera sur de Estados Unidos se emplean para supuestamente combatir a los narcotraficantes, entiéndase terroristas; es decir, para establecer una política de ciberseguridad más allá de sus fronteras (intervención).
Como estudiosa de las fronteras en perspectiva comparada, cuando reviso las notas sobre seguridad fronteriza en México, me sigue sorprendiendo la falta de visión y prospectiva con respecto a las fronteras terrestres, marítimas y aéreas (véase el comunicado de SEGOB con respecto a la “Operación Concurrente” del 4 de octubre de 2026). Situación que deviene, desde mi perspectiva, de una conveniencia por parte de los gobiernos en turno, locales y federales, lo mismo que de una mayor injerencia del crimen organizado en el control de las zonas de convivencia fronteriza y en la política nacional y, principalmente, a que durante varias décadas controlar la frontera para impedir el cruce irregular de personas se instaló en la agenda binacional: fue la moneda de cambio para que México pudiera presionar a Estados Unidos con “apoyos” para el control migratorio (Plan Puebla-Panamá, Plan Frontera Sur, entre otros).
Hace unos años escribí que dados los tiempos que corren, en los que cerrar y controlar las fronteras territoriales volvió a ser el tema pendiente incluso en la Unión Europea, era necesario crear una Agencia Especial de Fronteras para México, no solo por el regreso de Trump a la presidencia, sino también porque el orden mundial estaba cambiando a raíz de la guerra Rusia-Ucrania (2002 a la fecha). Guerra en la que el gobierno ucraniano se ha encargado de perfeccionar el ataque con drones. Una infraestructura de ciberseguridad que reinventó la industria armamentista y el ataque aéreo en todo el mundo.

Si bien emplear drones ha demostrado tener múltiples utilidades en beneficio de la sociedad, en ámbitos económicos, que incluyen, obviamente, una creciente industria de desarrollo tecnológico y de ciberseguridad, también observamos su uso en la agricultura, ya sea para esparcir semillas en lugares áridos y poco accesibles, como para rociar fertilizantes o agua; incluso el uso de estas aeronaves ha sido recurrente en el control de incendios forestales. Si bien sabemos que la tecnología empleada en beneficio de las poblaciones siempre es de gran utilidad, también sabemos que la tecnología, especialmente la de guerra, sirve para destruir comunidades, no solo humanas, sino también las de otros seres vivos, como ocurre actualmente en la frontera MEX-EUA.
La legislación que regule el uso de los drones está por verse. Si bien es cierto que existen algunas iniciativas para regular las aeronaves piloteadas a distancia, estamos muy lejos de que estas sean una realidad. Los drones llegaron para quedarse y, por lo menos en la frontera MEX-EUA, conforman toda una red de economía de ciberseguridad tanto para los gobiernos como para el crimen organizado, una guerra silenciada que se les puede salir de las manos en poco tiempo si no existe una política clara de control fronterizo y, obviamente, del crimen organizado por parte del gobierno mexicano.
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