La traducción no impone límites, sino que los disemina1
Por Roxana Rodríguez Ortiz
Escribo este texto con algunos ajustes a lo que originalmente había enviado puesto que la semana pasada Judith Butler recibió el doctorado honoris causa en la Universidad Autónoma de Barcelona. Universidad donde realicé mis estudios de doctorado en teoría de la literatura y literatura comparada.
¿Por qué debiera eso importar para cambiar el tono, el registro de mi intervención en el Coloquio Hermenéuticas de la Traducción? Por dos motivos, el primero y el que me parece más relevante para este momento es que la iniciativa surge desde la Facultad de Traducción e Interpretación. Un asunto no menor para los tiempos que corren, como la propia iniciativa de proponer este coloquio.
El segundo consiste en que es precisamente por los textos de Butler que empecé a analizar la performatividad discursiva de la comunidad chicana y del norte de México. Particularmente la derivación del Spanglish como una tercera lengua en la frontera México-Estados Unidos y en ciudades como San Diego, Los Ángeles, Tijuana, Juárez, El Paso.
En el discurso de investidura, Butler sostiene que con dicha distinción “ustedes honran la idea de la traducción cultural como una forma de escucha, una experiencia de alejamiento productivo desde un espacio de privilegio para algunes de nosotres, y una oportunidad para ampliar el horizonte del entendimiento mutuo fuera y en contra de los objetivos del imperialismo cultural” (la traducción es mía).[1]
El Spanglish se presenta en la frontera México-Estados Unidos como esa posibilidad de traducción cultural, pero también política, estética, ontológica y epistemológica. Con el Spanglish se honra ese alejamiento del privilegio que los y las chicanas han mantenido con respecto a los sistemas universitarios, a la industria literaria hegemónica y a un pensamiento unívoco de lo que es la frontera. Y también con el Spanglish se traza el horizonte que desborda los límites del imperialismo económico, político y cultural en Estados Unidos, y también en México.
Con el spanglish se traducen modos de pensar y habitar las fronteras, no solo las geográficas, sino también las del cuerpo, de la lengua, del registro semántico y del pensamiento colectivo. La literatura chicana da cuenta de esas transgresiones y retos lingüísticos que trae consigo una escritura del Spanglish. Gloria Anzaldúa, Sandra Cisneros, Luis Humberto Crosthwaite, entre muchos más escritores y pensadores fronterizos, se apropiaron de esa manera de entender el mundo.[2]
En este sentido, la traducción, como bien dice Butler, “no consiste en hacer de cada texto un texto en inglés. Eso sería un proyecto de monolingüismo y nuestro mundo necesita ir en otra dirección”.[3]
Un mundo donde lo intraducible de la grafía, del morfema, del fonema nos permita prescindir de la literalidad del texto. Al tiempo en que podamos canalizar los diferentes tipos de injusticia epistémica que trae consigo aquello que no es traducible en la interdicción de la lengua. Pues, como dice Butler,
Lo intraducible es la experiencia de otro lenguaje que no puede ser capturada sin ser distorsionada. A veces, lo mejor es detenerse y descansar en el lugar de la intraducibilidad, pues allí es donde la diferencia se manifiesta. No debemos negarla ni huir de ella, sino dejar que transforme nuestra manera de pensar, que ilumine una forma de dar sentido, igualmente valiosa e inasimilable.[4]
No es casualidad, entonces, que Butler haya sido merecedora de este reconocimiento en tiempo presente. El reconocimiento a una larga trayectoria donde la performatividad discursiva del género ha sido el eje central de sus investigaciones y, también, de sus activismos.
Investigaciones, sin duda, fuertemente influidas por el pensamiento de la escuela francesa del siglo, particularmente el de Jacques Derrida, como se observa en el texto titulado “Gender in Translation. Beyond Monolingualism” de 2019.
Como bien sabemos, Derrida es, como muchos de su generación, un crítico de la lingüística tradicional como se observa en De la gramatología, un texto de 1967. Pero no se queda ahí, por lo que varias décadas después escribe el Monolingüismo del otro o la prótesis de origen y otro más en el que recupera la hospitalidad incondicional como esa otra forma de comprender la traducción y a la que se han referido en mesas anteriores.
Textos que han sido determinantes para analizar lo que una tercera lengua, como lo es el Spanglish, no solo nos deja ver lo que es erróneo en la percepción de las fronteras geopolíticas, sino también y sobre todo la posibilidad de pensar esa tercera lengua como el encuentro, la intersección y no la yuxtaposición con lo otro. Una idea que surge o, mejor dicho, que me permite proponer mi propia definición de la frontera como la posibilidad del encuentro con lo otro. Un giro ontológico al que también se ha aludido en este coloquio.
Después de esta larga introducción, me interesa precisar por qué resulta imposible no destacar la importancia de la lucha de las personas migrantes en Estados Unidos, especialmente de la población mexicoamericana, con el regreso de Donald Trump a la presidencia en su segundo mandato y, particularmente, con la instalación de la narrativa MAGA (Make America Great Again). Una narrativa que impone una lengua hegemónica, el inglés, frente a otras que empiezan, nuevamente, a estar prohibidas, como el español.
La interdicción de la lengua materna, siguiendo lo que propone Jacques Derrida, a partir de una oración en particular —sí, no tengo más que una lengua y esta no me pertenece—, me permite abstraer diferentes alcances de la traducción entre dos lenguas que se enfrentan, confrontan, encuentran y, sobre todo, difieren los límites que impone la traducción.
Algo a lo que ya Derrida le había prestado atención en un tono autoetnográfico en el Monolingüismo del otro:
Es cierto, el estudio opcional del árabe seguía estando permitido. Lo sabíamos autorizado, es decir, todo menos alentado. La autoridad de la Educación Nacional (de la «instrucción pública») lo proponía en el mismo concepto, al mismo tiempo y en la misma forma que el estudio de cualquier lengua extranjera en todos los liceos franceses de Argelia. ¡El árabe, lengua extranjera opcional en Argelia! Como si nos dijeran —y era lo que nos decían, en suma—: «Veamos, el latín es obligatorio para todos en primer año, ni falta hace mencionar el francés, desde luego, pero, ¿quieren además aprender el inglés, árabe, español o alemán?». El berebere nunca, me parece (Derrida, 1997: 56).[5]
La transgresión de esos límites, que no son solo del significante ni del significado, sino también del ser, permite el establecimiento de una tercera lengua: el spanglish. La ontología del spanglish convoca a la polifonía de la resistencia cultural, estética, política y social, como ya lo mencioné, en un momento particular de la historia, ya no solo de la frontera México-Estados Unidos, del movimiento chicano, de una filosofía fronteriza como la de Gloria Anzaldúa, sino particularmente de un proyecto de intervención de mayor alcance para el continente americano y el mundo en general liderado por Donald Trump.
La traducción, en este sentido, es quizá la única manera de resistir el embate de la hegemonía cultural estadounidense; es la posibilidad de convocar al otro (extranjero, migrante, bárbaro, mujer, comunidad LGBTQI+) sobre la base del reconocimiento de su identidad; es dejar la herida expuesta, abierta, como dice Anzaldúa e incluso lograr una reapropiación del ser político, mediante el insulto, como en su momento los propuso también Judith Butler.
El spanglish, en este sentido, es la posibilidad de la traducción de un orden político a otro, de una ontología a otra. De la resistencia frente a la interdicción de la lengua que nos pone de frente, nuevamente, al lenguaje masculino, del hombre blanco imperialista y al que le da lo mismo perseguir, cazar, encarcelar personas migrantes, sin documentos, mediante una narrativa xenófoba, racista basada en falsos nacionalismos, como también frente al exceso de lo que Butler llama manosphere, un movimiento que
ejerce y amplifica el derecho a infligir violencia sin pudor como signo de verdadera hombría, un derecho a abusar y violar a mujeres y niñas como prerrogativa de la sexualidad heteronormada masculina, como ritual de iniciación que le permite al hombre ingresar a la manósfera, pero también a acuerdos comerciales que explotan a los trabajadores, destruyen los sindicatos y desregulan las leyes laborales en varias zonas del Sur Global y las periferias de una Europa visible, o en ciudades como Barcelona…[6]
Agregaría también en ciudades como esta, donde el mundial que está por iniciar trajo consigo también la gentrificación de sus barrios.
El spanglish, por tanto, es lo que resta de dos lenguas hegemónicas, de dos lenguas imperialistas, de dos lenguas que se debaten en la manósfera actualmente. [Aunque en otros momentos también me he referido a hibridación, mestizaje o sincretismo, la restancia de Derrida me parece más apropiada para los tiempos que corren.]
Pero también, el spanglish, es la lengua de quienes han sido retornados a aquello que nos han dicho es su lugar de origen y por ello es cada vez más frecuente encontrar barrios chicanos en la Ciudad de México como la Little Los Ángeles que ubicada en los alrededores del Monumento a la Revolución, más específicamente en la colonia Tabacalera.
Allí fueron instalándose, reconfigurando el barrio, las personas deportadas por la administración trumpista que, en coordinación con el gobierno mexicano, decidieron que era mejor que se quedaran en México. Nuevamente, personas sin papeles, sin reconocimiento oficial de su ciudadanía, de una ciudadanía nómada que dista mucho de los privilegios que la sociedad a nivel mundial le otorga a lo nómada digital.
El spanglish volvió a cruzar la frontera, a imponer sus límites, a potencializar redes de apoyo que se van construyendo no solo a partir del desarraigo, de la no pertenencia, sino sobre todo de la lengua. Lo que tienen en común todos estos jóvenes que se emplean en los call centers de la zona es que aprendieron a transitar el aquí y el allá con la traducibilidad de su propia ontología social.
“En este barrio de Little L.A. he conocido a muchos deportados que llevan rato ya aquí en México. Compartimos la misma experiencia, los mismos struggles (luchas) y podemos comunicarnos en inglés. Eso ayuda mucho, porque ya no te sientes solo ni aislado del resto del país”, destaca Iván Porras en una nota hecha por la BBC el 26 de abril de 2026.[7]
En la interdicción de una lengua se derivan otras. En la interdicción del español en Estados Unidos, cuando la frontera cruzó poblaciones a partir de 1848, se deriva el spanglish y con este una epistemología fronteriza que convoca a artistas, pensadores, escritores y activistas a levantar la voz, a defender sus derechos de tránsito, de libre circulación, a conquistar o reconquistar eso que consideran la tierra perdida, la tierra arrebatada:
el verdadero chicano va a aprender español. Ya. Va a tratar de conectarse con su cultura, con sus raíces. Ya. Ya sea que sean de aquí o de allá, y cómo conectamos con eso. Nosotros no somos extranjeros. Nosotros no utilizamos la palabra inmigrante porque no lo somos. (Entrevista a Daniel Pozos, activista y docente chicano, 2025)
Ahora sabemos que es en la traducción y no necesariamente en el entendimiento donde podemos alzar la voz y proponer otras epistemologías fronterizas, como lo ha hecho la comunidad chicana desde mediados del siglo pasado y como lo están haciendo los mexicoamericanos que han sido deportados y están viviendo actualmente en la Ciudad de México.
La interdicción de la lengua en época de la MAGA nos afecta en diferentes niveles. Niveles que evidentemente son necesarios develar, siguiendo, por un lado, la performatividad discursiva a la que me refería al principio, lo mismo que para identificar las injusticias epistémicas de la traducción, injusticias hermenéuticas y testimoniales como señala Miranda Fricker.
En este sentido, y con esto cierro, la traducción es una frontera. Una metáfora que se ha repetido sugerentemente en varios momentos en este coloquio. Pero la aporía de esa frontera, que es lo que a mí me ha interesado proponer, es que la traducción no impone límites, sino que los disemina, pero estos límites solo se pueden diseminar reconociendo la diferencia. El spanglish bordea precisamente ese agenciamiento político y hospitalario de la diferencia.
[1] “Here you honor the idea of cultural translation as a way of listening, an experience of productive dislocation from a space of privilege for some of us, and a chance to expand the horizon of mutual understanding outside and against the aims of cultural imperialism.” (Butler, 2006, p. 19)
[2] Véase Rodríguez Ortiz, R. 2013. Alegoría de la frontera México-Estados Unidos: Análisis comparativo de dos literaturas colindantes. Ediciones Eón / UTEP.
[3] “The point of translation is not to make every text into an English text. That would be a project of monolingualism, and our world needs to go in another direction. What happens to the phrase in French when it becomes Chinese? What world of difference is achieved, and what is the importance of coming up against what is nontranslatable?” (Butler, 2006, p. 19)
[4] “The nontranslatable is the experience of another language that cannot be captured without being distorted. Sometimes it is best to stop and rest at the site of untranslatability, for there is where difference makes itself known. We should neither negate it nor flee from it, but let it change the way we think, let it illuminate a form of sense-making equal in value and inassimilable.” (Butler, 2006, p. 19)
[5] Véase Rodríguez Ortiz, R. 2011. Deconstrucción del uso de la lengua materna en la literatura fronteriza, en Semiosis, México, vol. VII, número 13, pp. 143-164. https://roxanarodriguezortiz.com/2011/10/03/deconstruccion-del-uso-de-la-lengua-materna-en-la-literatura-fronteriza/
[6] “In addition, this movement exercises and amplifies the right to inflict violence shamelessly as a sign of true manhood, a right to abuse and violate women and girls as a prerogative of masculine heteronormative sexuality, as an initiation ritual that gains a man entry into the manosphere, but also into business deals that exploit workers, destroy unions, and deregulate labor laws in various zones in the Global South and the peripheries of a visible Europe, or in cities such as Barcelona, as we know.”
[7] González Díaz.Little Los Ángeles, el barrio en CDMX donde mexicanos deportados de EE.UU. comienzan en un país que apenas conocen. Link: https://www.bbc.com/mundo/articles/clyxrnxl5nko
- Texto escrito y presentado en el Coloquio Hermenéuticas de la Traducción, organizado por el Instituto de Filológicas de la UNAM, de manera presencial el 11 de mayo de 2026. ↩︎

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