Ayer participó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, en la cumbre climática que organizó el gobierno estadounidense. En su presentación, López Obrador volvió a poner sobre la mesa su proyecto “Sembrando vida” para mitigar la deforestación, la pobreza y la migración en la región (sur de México y sus respectivas fronteras con Guatemala y Belice, que en teoría impactaría en Honduras y El Salvador), a pesar de que el presidente Joe Biden ya le había dicho que la cumbre no era el espacio para aludir a temas migratorios.

López Obrador propone a Biden financiar el programa Sembrando Vida y combatir dos crisis: la inmigración y la deforestación

https://cnnespanol.cnn.com/video/amlo-biden-cumbre-climatica-sembrando-vida-visas-migrantes-propuesta-crisis-sot-perspectivas-mexico/

No me sorprende que López Obrador insista en las “virtudes” de su programa “sembrando vida, me sorprende lo poco empapado que está con respecto a la política migratoria que coordina Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores, y que ejecuta Francisco Garduño, Comisionado del Instituto Nacional de Migración. Una política migratoria acéfala, donde prevalece la política de “resguardar” la seguridad nacional (un discurso bastante incongruente cuando fue justamente el gobierno mexicano de los pocos en no cerrar sus fronteras aéreas y terrestres, especialmente con Estados Unidos, durante la pandemia).

Una política acéfala al interior de México, no así en la relación con Estados Unidos, porque mientras Ebrard está más preocupado por fortalecer los consulados en el país vecino, para seguir recibiendo remesas; Garduño hace como que hace pero en realidad reprime la movilidad humana de personas centroamericanas, transcontinentales, que intentan ingresar al país. Entonces, el hecho que López Obrador insista en un programa que no tendrá los mínimos resultados esperados para mitigar ni la pobreza ni la deforestación ni la migración no solo alude a su ignorancia como jefe de estado sino a su desinterés por resolver temas centrales en año electoral.

Migración cero*

Apostar por el desarrollo de la región sin duda es la única opción para mitigar la migración, pero para ello se necesitan cubrir varias aristas en diferentes niveles: la corrupción que azota a los gobiernos de la región, incluyendo a México; la inseguridad y el crimen organizado que atraviesa las rutas migratorias hasta la frontera sur de Estados Unido; las causas de la migración centroamericana; la política errática de criminalización, detención, deportación del Instituto Nacional de Migración (INM); la falta de presupuesto de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR) para contratar y capacitar gente que facilite el trámite de solicitud de asilo-refugio; la política de tercer país seguro en la frontera norte de México; la xenofobia creciente en las comunidades receptoras y de tránsito; la notable intervención de la ONU, mediante la participación de ACNUR y ahora de la CEPAL no solo en el tratamiento de la movilidad humana sino en el desarrollo económico de la región; y, no menos importante, el presupuesto para lograr lo que desde mi perspectiva es la migración cero en apego a la agenda 2030.

Este mismo esquema de migración cero es lo que se propuso la Unión Europea a partir de la mal llamada crisis de refugiados sirios en 2015, una política que consistía en varias estrategias, principalmente dos: externalizar fronteras y tercer país seguro (en apego al reglamento Dublín III). Ambas fracasaron si consideramos el cementerio en el que se ha convertido el Mediterráneo en los últimos años debido a que también se impusieron sanciones a las organizaciones de la sociedad civil que están dedicadas a salvar vidas en medio del mar. Pero si consideramos que en pocos años se logró disminuir la llegada de personas migrantes y solicitantes de refugio a la Unión Europea, podríamos decir que ha sido exitosa debido principalmente a los acuerdos con los países africanos que se han encargado de controlar la migración antes de su salida al mar con tácticas que dejan mucho que desear con respecto a los derechos humanos.

Con este escenario local-global, se presentó el documento que le da forma al Plan de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras-México (mayo 2019), propuesta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). El documento es interesante y multifactorial, sin duda una agenda de política internacional para la región que concluye con 30 recomendaciones en apego a los cuatro objetivos generales del Plan: desarrollo económico, bienestar social, sostenibilidad, gestión integral.

Una agenda a largo plazo que además de mucha inversión, en primer lugar, necesitaría de un cambio de paradigma en la concepción de la política fiscal, económica, energética, de derechos humanos, educación, innovación y desarrollo. Un manual de buenas intenciones de difícil aplicabilidad en la región dadas las condiciones actuales de ausencia de un estado de derecho; es decir, además del presupuesto, el otro cómo que no es evidente consiste justamente en cómo se va a garantizar la seguridad humana para que se generen todos estos cambios en la región.

Reterritorializar la frontera

La administración de López Obrador, le apostó por reterritorializar la frontera sur y permitir cierta movilidad de personas (en tránsito), mediante la opción de quedarse en México (sic) para trabajar en los proyectos macroeconómicos propuestos para este sexenio, “Sembrando vida” y la construcción del Tren Maya, lo que hace posible encapsular los flujos migratorios hasta lo que se conoce como el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, como se observa en la “Imagen 1: Frontera Interregional México-Centroamérica”.

Ilustración 1: Frontera interregional México Centroamérica (Rodríguez, 2019)

Para lograr este movimiento de reterritorialización fronteriza, el gobierno mexicano ha implementando una reforma laboral regional que consiste en ofrecer empleo  (vía terceros) a los y las personas migrantes en tránsito (mediante ACNUR o el programa “Sembrando Vida”):

Con 2.000 millones de pesos (unos 105 millones de dólares), arrancará para este año el programa de apoyo a migrantes centroamericanos, que el gobierno mexicano va lanzar para enfrentar el problema de la migración en la región, informó este lunes el subsecretario -vicecanciller- mexicano para América del Norte y el Caribe, Maximiliano Reyes Zúñiga.[1]

La situación es preocupante porque la postura de López Obrador incentiva la falta de coordinación entre los países que conforman la región, incluso el poder llegar a acuerdos con Kamala Harris, vicepresidenta del gobierno estadounidense. Veremos si en un futuro las decisiones equivocadas de Marcelo Ebrard que López Obrador ha asumido sin filtro no se les revierten y los aislan del proyecto de desarrollo económico que Biden quiere impulsar en su país, orillando al gobierno mexicano a tener una actitud pasiva, como hasta ahora, de cara a la política migratoria y fronteriza, con lo que ello conlleva para las personas migrantes y solicitantes de refugio


  • Fragmentos del libro Roxana Rodríguez (2020). Migración cero. Reterritorializar la condición de refugiado en México. México: Bajo Tierra.

[1] Redacción, “México: Programa de apoyo a migrantes centroamericanos arrancará con 105 millones de dólares”, Xinhua en español, 16 de julio de 2019. Link: http://spanish.xinhuanet.com/2019-07/16/c_138230434.htm (fecha de consulta: 31 de marzo de 2020).