Por: Gabriela Pinillos

La relación entre Colombia y Venezuela en términos de movilidad humana comienza en las fronteras. Desde allí, los movimientos y la dirección de los flujos se han definido con relación a una complejidad de situaciones producidas al interior de ambos países, pero sobre todo hasta la llegada a la presidencia de Nicolás Maduro, luego de la muerte de Hugo Chávez en el año 2013, podría decirse que el intercambio comercial se definía en torno a un elemento tangible: el tipo de cambio.

En las regiones de frontera la fluctuación de la moneda marcaba, en buena parte, la dinámica comercial y social y la asimetría entre ambos países. En estas regiones, el valor del dólar era significativamente distinto que en los centros nacionales, y la economía local dependía fuertemente de ese factor que definía la diferencia entre el peso colombiano y el bolívar venezolano. En términos geográficos, la proximidad de las ciudades y los municipios fronterizos de Colombia con Venezuela, mucho mayor que con el resto del territorio colombiano, pronunciaba aún más esta interdependencia.

A inicios de los años setenta del siglo XX, con el crecimiento de la economía venezolana impulsado por el ‘boom’ petrolero, el flujo migratorio entre ambos países se daba fundamentalmente desde Colombia hacia Venezuela. Luego, a principios de los años ochenta, con la llegada del famoso “viernes negro”, día de la caída abrupta del valor de la moneda venezolana, el flujo de los movimientos y la relación entre los dos países cambió significativamente. La migración colombiana hacia Venezuela disminuyó entonces, y ciudades y municipios fronterizos tuvieron que enfrentar los efectos más devastadores de este episodio. La dinámica comercial y de intercambio tuvo que redefinirse y readaptarse.

Luego de un largo periodo de reacomodo de la economía y el comercio, las regiones fronterizas volvieron a ser el escenario de un intercambio fluido en ambas direcciones, diariamente los puentes internacionales y los puntos de cruce fronterizo formales a lo largo de los 2.200 kilómetros de la frontera colombo-venezolana servían de tránsito para el comercio formal e informal de combustible, bienes y servicios y de personas. En el año 2009, por los puentes internacionales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, uno de los principales puntos de cruce de la zona de frontera de Norte de Santander (Colombia) y Táchira (Venezuela), ocurría una movilidad cotidiana de alrededor de 200 mil personas por los diferentes medios de desplazamiento. El consumo de productos para la canasta familiar desde Colombia hacia Venezuela se había convertido en una permanente por las mismas ventajas que ofrecía el tipo de cambio fronterizo, que en aquellos años ya estaba definido por un mayor valor de la moneda colombiana sobre la venezolana. No obstante, en aquellos años, la calidad de vida y las condiciones de Venezuela seguían siendo favorables por las ventajas que todavía permitía la producción del petróleo. La imagen de Venezuela ante el exterior era también mucho más favorable que la de Colombia, sobre todo en la década de los noventa debido, por un lado, a la agudización del conflicto y la violencia en este último[1]; y, por otro lado, a la inyección que el Estado venezolano había dado a la Ciencia y la formación de capital humano en educación superior en el exterior, lo que se tradujo en una nueva ola de migración de población colombiana hacia Venezuela. Había, en la posibilidad de obtener el documento que otorgara el estatus de ciudadanía venezolana, una oportunidad significativa para mejorar las condiciones de vida. La migración y el tránsito de personas a través de las fronteras se daba en mayor proporción desde Colombia hacia Venezuela.

Es importante mencionar también que, en términos de documentos para ingresar a uno u otro territorio, las condiciones eran dispares. Para ingresar a territorio venezolano, los colombianos debían contar con una visa o un permiso fronterizo que daba posibilidad de transitar por los estados ubicados a lo largo de la frontera y hasta cierto punto del territorio venezolano. En cambio, el ingreso a Colombia para la población venezolana no requería de una visa, había un espacio en el que se permitía también el libre acceso y el libre tránsito, pero en el resto del territorio esto podría darse con pasaporte internacional.

La creación de las llamadas ‘Misiones’ durante el gobierno de Hugo Chávez que consistían en programas sociales para brindar a la población acceso en salud, educación, alimentación, entre otras, fue beneficio también para las poblaciones que vivían en las regiones fronterizas del lado colombiano[2].

En los años 2004 y 2005, el gobierno bolivariano de Venezuela otorgó un número de cédulas de ciudadanía a 186 mil colombianos[3]. En medio de esta política se creó también un régimen fraudulento que llevó a muchas personas en Colombia a caer en trámites ilegales de obtención de documentos de identidad venezolanos.

Foto: Gabriela Pinillos, 2009, La Parada, Villa del Rosario, Colombia. Puente Internacional Simón Bolívar

La crisis venezolana comenzó a agudizarse progresivamente hacia finales de la primera década del siglo XXI. La relación política entre los gobiernos de ambos países tuvo desde entonces fuertes quiebres, y el cierre de los pasos fronterizos sucedió después de periodos prolongados de un permanente flujo de personas e intercambio comercial. En el año 2015, tras unos episodios previos de cierre de la frontera, se suspende indefinidamente la movilidad de personas por los pasos fronterizos formales y se da una mayor vigilancia y control sobre los colombianos que se encontraban de manera irregular en Venezuela [4].

El cierre incluyó también un fuerte control de salida desde Venezuela de sus propios habitantes. Se comenzó a expedir un “Pase Fronterizo” desde el gobierno venezolano, que permitía salir de Venezuela y que se otorgaba solo a ciertas personas que pudieran cumplir con una serie de requisitos: demostrar fuertes relaciones comerciales con Colombia, residencia en Venezuela, declaración de renta, entre otros. En estos años el flujo de la migración desde Venezuela a Colombia comenzó a incrementarse considerablemente, una población migrante heterogénea, conformada por personas con doble nacionalidad, colombianos en retorno y personas de origen venezolano .

En agosto de 2016 se da fin al cierre de los pasos fronterizos para personas, pero no para vehículos, lo que se mantuvo así hasta el año 2020 con la llegada de la pandemia, tiempo en que se ha cerrado completamente el cruce regular de lado y lado de la frontera, dejando como única vía de intercambio un sinnúmero de pasos informales, denominados ‘trochas’ y que se encuentran ubicados a lo largo de toda la franja fronteriza y por donde cruzan miles de personas diariamente de un lado a otro[5].

La profundización de la crisis en Venezuela y el escenario de conflicto político en la región, que se ha revelado también en formas de violencia de los Estados hacia las poblaciones, ha intensificado la movilización de miles de personas que, en extrema precariedad y vulnerabilidad, deciden abandonar el país y emprender la huida mientras cruzan las fronteras porosas, caminando hacia distintos territorios al interior de Colombia y hacia el resto del continente y distintas partes del mundo, enfrentándose a procesos de criminalización, discriminación y a la xenofobia en las sociedades “receptoras”, a la explotación de su fuerza de trabajo y a la ausencia de políticas migratorias que consideren la heterogeneidad de sus perfiles, motivos y causas de su migración.


[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/01/121227_refugiados_desplazados_colombia_venezuela_arauca_apure_aw

[2] https://repositorio.unal.edu.co/bitstream/handle/unal/50843/80091450.2013.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[3] Un total de 186 mil colombianos gozan de nacionalidad venezolana en virtud del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros del gobierno del presidente Hugo Chávez, que comenzó el 3 de febrero del 2004 y concluyó el 17 de febrero pasado. https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1642362

[4] https://repository.javeriana.edu.co/bitstream/handle/10554/21991/BustosMoreno%c3%81ngela2017.pdf?sequence=1&isAllowed=y.

[5] https://www.semana.com/nacion/articulo/relaciones-rotas-el-drama-de-los-venezolanos-y-colombianos-en-la-frontera/202015/