Estudios Fronterizos

Habitar la grieta: cuando DeLanda y Derrida se disputan el mismo territorio

Ensamblajes en la frontera: estructura y ruptura

Por Diana María Quintero Jerez1

Hubo un momento en la escritura de esta tesis en que dos autores que no fueron convocados para dialogar empezaron a disputarse el mismo concepto. DeLanda estaba describiendo la frontera como una zona de interacción entre ensamblajes, con sus componentes identificables y sus propiedades emergentes medibles. Y de pronto Derrida apareció en el margen, sin ser invitado, sin pedir permiso, para decir que la línea fronteriza no puede instaurarse sin dividirse en dos bordes, y que el espacio entre esos bordes no pertenece a ningún lado. Los dos estaban hablando de la misma frontera. Y los dos tenían razón. Eso fue un problema.

Un problema que no debía resolverse eligiendo uno y descartando al otro. Un problema que debía habitarse. Porque lo que ocurre cuando se les obliga a pensar juntos, cuando no se le da salida fácil a la tensión, es que producen algo que ninguno de los dos produce solo, el nombre filosófico de una condición que existe en el mundo y que hasta entonces no tenía cómo llamarla con rigor: la tensión entre estructura y aporía no es un defecto del argumento. Es el argumento.

Dos formas de entrar a la frontera

DeLanda entra con herramientas de precisión, su ontología de ensamblajes propone que el mundo está hecho de conjuntos de componentes heterogéneos relacionados en exterioridad, es decir, que las partes no están constituidas por el todo al que pertenecen, pueden ser separadas e incorporadas a otros conjuntos. De esas relaciones emergen propiedades que ninguna parte posee sola.

La frontera, entonces, es cartografiable; sus componentes: cuerpos, territorios, prácticas, saberes, instituciones, pueden ser identificados. Los procesos que estabilizan su identidad y los que la desestabilizan pueden ser descritos. El conocimiento que emerge de la frontera tiene una base material real, y cuando esa base es destruida, por violencia, por desplazamiento, por desterritorialización forzada, ese conocimiento desaparece con ella. Esto no es un dato menor, puesto que significa que destruir un territorio fronterizo no es borrar una cultura, es desmantelar una estructura epistémica. Y esa diferencia importa filosófica y políticamente.

Derrida entra de otra manera, sin regla de metal, casi en silencio. En Aporías elabora un concepto que parece simple y que se vuelve cada vez más intratable mientras más se lo mira, la aporía como posibilidad de la imposibilidad. Una paradoja que no se resuelve con más rigor. Una condición que no puede resolverse sin dejar de ser lo que es. La llama venida sin paso, el acontecimiento que ocurre precisamente donde el paso era imposible. Y cuando lleva esa lógica a la frontera, lo que encuentra es que la línea no puede instaurarse sin dividirse en dos bordes, y que el espacio entre esos bordes no tiene coordenadas. No es difícil de cartografiar. Es anterior a cualquier cartografía.

Hay problema desde el momento en que la línea de la linde se ve amenazada. Ahora bien, ésta se ve amenazada desde su primer trazado. Éste no puede instaurarla sino dividiéndola intrínsecamente en dos bordes.

Derrida (1998, p. 29)

La consecuencia epistemológica es exactamente la inversa de la de DeLanda. El conocimiento fronterizo no puede producirse desde ninguna posición estabilizada, solo existe en la condición de quien habita el umbral constitutivamente, sin poder resolverlo en ninguno de los dos lados. Quien sale del umbral pierde acceso a lo que el umbral produce. No por misterio, porque la condición apórica es la condición de posibilidad de ese saber.

Lo que vive en la grieta

La incompatibilidad entre los dos puede formularse así: DeLanda presupone que siempre hay coordenadas —incluso la disolución de un ensamblaje es describible—. Derrida afirma que el espacio entre los bordes de la línea fronteriza no tiene lado asignable. Uno piensa inestabilidad estructural, el otro piensa el límite de la estructura como tal. No es un desacuerdo de énfasis, es una incompatibilidad en el nivel de los presupuestos ontológicos.

La frontera tiene estructura, pero el espacio entre sus bordes no tiene lado asignable. Esa frase no es una contradicción que hay que resolver. Es la condición que hay que habitar.

Y, sin embargo, los dos son necesarios para la propuesta de epistemología fronteriza. DeLanda permite argumentar que el conocimiento fronterizo no es experiencia subjetiva ni descripción fenomenológica, tiene una base material real que puede ser identificada, dañada, destruida, reconstruida. Sin ese argumento, la epistemología fronteriza no puede verse desde fuera del culturalismo. Derrida permite argumentar que ese conocimiento no puede producirse desde ninguna posición que haya resuelto su condición fronteriza, quien estabiliza su lugar pierde acceso a lo que el umbral genera. Sin ese argumento, la epistemología fronteriza no puede justificar por qué el saber fronterizo es filosóficamente irreproducible en otros contextos.

La hipótesis que emerge de habitar esta tensión —en lugar de resolverla— es que los dos marcos operan en niveles distintos; los ensamblajes describen la base estructural del conocimiento fronterizo; la aporía describe la condición epistémica desde la que se produce. El límite del ensamblaje, ahí donde DeLanda no puede seguir cartografiando, es el suelo exacto desde el que la aporía trabaja.

Eso es lo que la tesis llama tensión productiva, no el nombre de un problema pendiente. El nombre de un saber que es, en su estructura misma, un acto de resistencia, existe en el lugar donde los instrumentos que deberían describirlo llegan simultáneamente a su límite, y desde ese límite —no a pesar de él— produce.

La aporía no significa necesariamente el fracaso o la parálisis […]. Preguntémonos qué sucede, qué pasa con la aporía.

Derrida (1998, p. 61)

La tesis no eligió esta grieta. La encontró. Y encontrarla fue el momento en que la investigación supo qué estaba construyendo, no un sistema que resuelve la frontera, sino un método que aprende a pensar desde ella.

Referencias

DeLanda, M. (2021). Teoría de los ensamblajes y complejidad social. Tinta Limón.

Derrida, J. (1998). Aporías. Morir —esperarse (en) los «límites de la verdad». Paidós.

  1. Diana María Quintero Jerez es investigadora doctoral en Filosofía de la Universidad Santo Tomás de Colombia. Su proyecto construye una epistemología fronteriza a partir del diálogo filosófico entre Gloria Anzaldúa, Manuel DeLanda, Denise Najmanovich y Donna Haraway. Actualmente realiza una estancia de investigación con la Dra. Roxana Rodríguez Ortiz en la UACM. ↩︎

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