Al parecer la migración (fenómeno) siempre ha respondido no solo como pandemia, sino también a las pandemias. En este 2020 no es ni será la excepción. Esbozaré diez supuestos para dar cuenta del acontecimiento:

  1. Migración cero como política internacional. Sobre este punto llevo escribiendo los últimos cinco años por lo menos. Esta migración cero como política de gobierno en varios países tuvo su mejor momento en 2018 en la Unión Europea, 2019 en México-Estados Unidos-Centroamérica. Esta política se acompaña de varias estrategias, principalmente la figura de tercer país seguro, externalizar el control de la migración fuera de las fronteras (que no es igual, aunque también se utiliza, externalizar las fronteras) y evidentemente cerrar las fronteras del Estado-nación (o en el caso de la Union Europea, del Espacio Schengen).
  2. Fronteras cerradas derivado de la pandemia. Lo primero que hicieron los gobiernos, sobre todo los de la derecha, que en Europa llevan varios años intentando cerrar sus fronteras a las personas que intentan llegar al continente fue, precisamente, cerrar las fronteras. Casos como Hungría que fue de los primeros países que en 2015 decidió cerrar las fronteras, en 2020 lo vuelve a hacer con menos presión política y social. El mismo escenario se repite en otros puntos del mundo.
  3. Limbo administrativo en zonas de convivencia fronteriza. Muchas personas que se encontraban en tránsito cuando empezó la pandemia se quedaron varadas en diferentes puntos: en Europa, en los campos de refugiados en Grecia, o en los centros de extranjería en España; en México, lo observamos en las zonas de convivencia fronteriza tanto del sur como del norte. Muchas personas estaban ya encerradas en las estaciones migratorias y las fueron o deportando o soltando sin una postura clara de atención a su integridad, porque pararon actividades el Instituto Nacional de Migración y la COMAR, instituciones encargadas de darle seguimiento a las solicitudes de refugio.
  4. Recesión, pobreza y desempleo. El peor escenario para cualquier economía y en particular para las personas que ya no tenían opción de desarrollo en sus lugares de origen. Estas personas, evidentemente, van a buscar rutas más caras, más complicadas, más peligrosas y trabajos en el mercado informal.
  5. Nuevas rutas de tránsito migratorio. Este escenario es inminente, al estar prácticamente todas las fronteras cerradas al no parar la intención de las personas de migrar dada la pandemia y al depender varias economías de la mano de obra barata e irregular, es necesario estar pendiente de las nuevas rutas que el crimen organizado trazará para darle seguimiento, especialmente cuando el sistema de salud ha cimbrando la infraestructura en el mundo y los gobiernos no tienen muchas opciones más que controlar a su población con diferentes mecanismos, en algunos casos incluso de represión.
  6. Aumento de xenofobia, vulnerabilidad y precariedad de las personas migrantes. Si ya de por sí empezaba a ser complicado para las personas en tránsito, dada la política de migración cero, con el tema de la pandemia se complica más, por un lado, derivado del miedo al otro, al contagio; por otro, pues al carecer de identidad administrativa y encontrarse en libro administrativo es muy difícil que accedan a derechos sociales en el país de destino y al estar cerradas las fronteras, pienso en el caso de México, las personas migrantes que deseaban cruzar a Estados Unidos serán o deportadas o se quedarán en las zonas de convivencia fronteriza con poca o nula ayuda por parte de la sociedad, ya no digamos del gobierno.
  7. Regularización migrante como mano de obra temporal y barata. Así como en ciertas regiones el aumento de la pobreza se empieza a sentir a raíz de la pandemia, como en México y Centroamérica. En otras partes del mundo, como Europa, necesitan mano de obra barata que les ayude a reactivar las economías, como lo propuso primero Portugal (un caso que quizá se deba estudiar por separado), España y recientemente Italia. No dudo que en Estados Unidos pase algo similar, la historia, o el caso específico de la comunidad chicana y mexicoamericana da cuenta de como las migraciones localizadas en áreas de agricultura y servicios es indispensable en época de recesión (ya sea durante, después de la guerra o en esta caso, durante, después de la pandemia).
  8. Remesas. La entrada de divisas a países como México, vía la remesas, es una fuente de ingreso que no se puede perder, especialmente cuando tus otras dos fuentes de ingreso (petróleo y turismo) están en su peor crisis en muchos años. Así es que mientras Europa y Estados Unidos necesitan contratar mano de obra barata y si se puede temporal y no regularizada, otros países no tendrán reparto en exportarla, como ha sucedido en varios momentos de la historia contemporánea.
  9. Frontera interregional. Esta es una nueva categoría que desarrollé hace poco más de un año y forma parte del modelo epistemológico de la frontera, del que ya he dado cuenta en diferentes momentos. Aunque reconozco que esta categoría no es la mejor solución a los problemas actuales, es un paliativo. Desarrollo esta categoría inversamente a externalizar la frontera; es decir, consiste en internalizar la frontera a un punto interior de cualquier país con ejes concomitantes entre otros puntos interiores de otros países para que de cuenta de la movilidad temporal asincrónica entre las economías locales-regionales.
  10. “La nueva normalidad”. Un eufemismo a todas luces. No existe ni existirá esa nueva normalidad para las personas migrantes, en todo caso la nueva normalidad debe ser parte de las estrategias de la gobernanza de la migraciones que requiere no solo voluntad política sino creatividad. Se debe buscar el punto medio para lograrlo y creo que la frontera interregional pueda dar cuenta de ello.
Ejemplo de Frontera Interregional a partir del Plan de Desarrollo Integral México-Triángulo Norte, (Rodríguez, 2019)