Despierto y abro las redes, como lo hago todos los días, para saber lo que está pasando en el mundo, o en el mundo de las redes sociales. Tanto en Facebook como en Twitter la noticia de la regularización de miles de migrantes dedicados a labores de agricultura y cuidado personal resuena con bombo y platillo. La encargada de promover esta reforma a la ley del trabajo es la ministra de agricultura Teresa Bellenaova, quien haciendo alusión a su propia historia de vida, afirma que no se puede seguir invisibilizano a los más invisibles.

Imagen de la campaña ‘Sanatoria subito per tutti´

Es interesante este cambio en la política migratoria italiana, pues durante la mal llamada crisis de los refugiados sirios fue de los países que no solo deporto en caliente (vía la implementación de los hot spots, en sintonía con el entonces todavía vigente Reglamento Dublin II), también impidió la llegada de personas migrantes o solicitantes de refugio, vía el acuerdo firmado con Libia hace tres años que consiste en externalizar el control de la movilidad humana fuera de las fronteras del espacio Schengen (en concordancia con el que ya se había firmado en 2016 entre la Unión Europea y Turquía), y fue de los países que más criminalizó la ayuda humanitaria de las organizaciones de la sociedad civil. Recordemos el caso particular de Carola Rockette, en junio de 2019, quien fue encarcelada por supuestamente impedir que una lancha policiaca detuviera el SeeWatch3 que estaba salvando personas migrantes en el Mediterráneo.

Sin negar la intención hospitalaria de este cambio en la política migratoria en Italia, y posiblemente en algunos otros países que sigan este ejemplo, considero necesario también afirmar que este movimiento responde a una condición particular del continente Europeo que ha arrastrado los últimos años: la demografía de sus ciudadanía y su propia historioricidad. En un contendiente donde desde la segunda guerra mundial se solicita la mano de obra de quienes fueron sus colonias o de otros países de Medio Oriente para reconstruirse, es ya parte de una dinámica conocida. Pienso en la relación Alemania-Turquía, Francia-Algeria, Italia-Libia, España-Marruecos. Lo que acontece ahora con el covid es una situación similar, lo que cambia es la situación: la media de edad de la población europea.

Si comparamos los decesos por covid y sus causas entre continentes, el resultado es distinto entre quienes mueren por una edad avanzada (el 39% de los pacientes en Italia supera los 70 años y constituye el 79% de los decesos) contra quienes mueren en edad más joven por comorbilidades relacionadas con la precaria alimentación y sus condiciones de vida (diabetes, obesidad, hipertensión), como en México.

En función de lo anterior, Italia, España, la Unión Europea en general necesitan mano de obra, especialmente en la agricultura y el cuidado sanitario para reactivar la producción y distribución de alimentos, así como para darle un descanso al personal de salud que ha estado al frente de la pandemia estos últimos meses. La opción, como ha sido históricamente, es recurrir a la mano de obra migrante ya instalada en el país.

Evidentemente este cambio en la política migratoria es temporal. Las fronteras siguen cerradas y seguirán pues lo que se debe evitar es el contagio exponencial nuevamente. Una vez que pase la pandemia, ya sea porque se encuentra la vacuna o una cura al covid, el escenario será distinto. La regularización migrante en Italia, como Europa ha sido una constante, como se observa en esta gráfica:

Bien a bien no se sabe cuántas personas migrantes van a regularizar, se habla de 600 mil, es un buen número seguro. Veremos si España y Grecia hacen lo propio. Portugal ya lo hizo desde los inicios de la pandemia.