Muro, TLCAN y DACA: México no es aliado

Lo que Trump había prometido lo está cumpliendo. La construcción del muro que divide a Estados Unidos de México, la negativa a “modernizar” el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá, y ahora la eliminación del DACA (acción diferida para los llegados en la infancia) son los tres eventos que Trump incluso durante su campaña informó que iba a priorizar con relación a México. Eventos que el gobierno de Peña Nieto y Videgaray decidieron minimizar. Eventos que aluden a una visión apologetica de la realidad neoliberal que en sí misma es una contradicción de la globalización. El rechazo a la migración o a un sector de la migración, situación que no es de sorprendernos porque se ha vuelto un fenómeno global, se convierte también en un rechazo al intercambio de productos, al flujo de capitales, a cerrar las fronteras del comercio con México, o por lo menos un comercio sin aranceles. Esta política proteccionista de frontera cerrada con el sur es en realidad el resultado de relaciones de depencia y de desigualdad económica con Estados Unidos y reafirma lo que ya sabemos: no somos un aliado para el país vecino, somos el vecino incómodo. Con otros presidentes estadounidenses prevaleció lo politicamente correcto del quehacer diplomático en las reuniones de lobby y esto benefició a los gobiernos mexicanos porque permitió que no les reventara el problema de la deportación masiva de mexicanos ni de la migración irregular en su cara, siempre y cuando el gobierno mexicano se encargara de no dejar pasar la migración irregular centroamericana. Un “ganar-ganar” a todas luces para los dos gobiernos, un enriquecimiento ilicito multifactorial, no solo por el dinero que ingresa vía remesas, también por el dinero que traen consigo los migrantes en tránsito, más el dinero que aportó Estados Unidos para el Programa Frontera Sur (externalizar fronteras). Lo que se traduce en dos situaciones: el fenómeno migratorio en México no es estático y con Trump la desaceleración de la migración en tránsito se recrudeción: México es un país de retorno y de destino, ya no es un país de tránsito. Evidentemente cada uno de estos tres eventos (muro, TLCAN, DACA) tienen pros y contras. El contra en común es la ausencia de un proyecto de país ya no solo en México sino ahora también en Estados Unidos, que se traduce en una vejación constante de quienes no tienen ciudadanía estadounidense y de un mal trato por el otro, especialmente el otro mexicano. De ahí que en cascada se enumeren una “n” cantidad de violaciones a los derechos humanos y a lo que se había ganado en función de agencia política de la comunidad mexicoamericana. Los pros también se dan en casacada, solo que para llevarlos a cabo se necesita voluntad y creatividad, como sucede con cualquier forma de resistencia. Lo que está sobre la mesa es hacia dónde se inclinará la balanza, la historia de la lucha social nos ha permitido observar que las grandes movilizaciones de chicanos y mexicoamericanos permitieron grandes logros para las comunidades involucradas, no podemos hablar de estos logros en la sociedad mexicana. De ahí que me preocupe más por lo que podremos ofrecerle a los dreamers en México y no tanto por la capacidad de movilidad que pueda tener la comunidad mexicoamericana en Estados Unidos.

 

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