La frontera del cuidado y la crisis de la reproducción social

Por: Liliana Martínez1

En nuestra vida diaria muchas veces, sin darnos cuenta, repetimos los mismos roles que aprendimos desde la infancia. Las mujeres, por ejemplo, suelen ser quienes cocinan, cuidan a los niños (as), atienden a los enfermos (as) o a los abuelos (as). Esta distribución no es casual ni reciente, ha sido aprendida, sostenida y repetida generación tras generación. Así se organiza lo que permite que la vida continúe; es decir, así se organiza el trabajo de cuidar, alimentar, enseñar, acompañar. Y aunque parezca natural, este trabajo recae casi siempre en las mismas personas; mujeres, niñas, abuelas, migrantes, trabajadoras del hogar e incluso estudiantes que, según su jerarquía, el trabajo depende de si se es la hija mayor, la hija de en medio o si se la hija más chica.

Eso es lo que se llama reproducción social: todo lo que hacemos más allá del empleo formal para que la vida siga. ¿Qué es lo que atraviesa la frontera entre el hogar y el empleo formal para que la vida siga? La vida tiene que cuidarse y reproducirse bajo las manos femeninas inmersas en las escuelas, en los hospitales, en las calles y en los barrios. Son tareas invisibles, pero esenciales.

Hoy estamos viviendo una crisis de reproducción social. Hay menos tiempo, menos redes de apoyo y más agotamiento. ¡Muchas mujeres ya no pueden más!

Liliana Martínez

  Los cuidados que antes eran compartidos por la comunidad, ahora se han vuelto responsabilidades individuales y en extrema soledad. Y aquí aparece un concepto clave: la frontera del cuidado. Esa línea que divide quién cuida y quién es cuidado, quién tiene derecho a recibir atención y quién tiene que brindarla sin descanso.

  Esa frontera no es solo de clase o de género, también es racial, migratoria y económica. Por ejemplo, muchas familias dependen del trabajo de mujeres migrantes para cuidar a sus hijos (as) o a sus madres y padres, mientras que esas trabajadoras migrantes dejan a sus propios hijos (as) al cuidado usualmente de otras mujeres. 

La frontera del cuidado muestra cómo el sistema organiza el cuidado de manera desigual. Algunas personas pueden pagar para ser cuidadas; otras solo pueden cuidar, sin descanso, sin derechos, sin reconocimiento. Y esa desigualdad atraviesa todo como las relaciones personales, las decisiones políticas y, de facto, el modelo económico. Por eso, cuando hablamos de esta crisis, no hablamos solo de falta de tiempo o cansancio, hablamos de una fractura profunda en la forma de sostener la vida.

  1. Liliana Martínez es Socioantropóloga por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y Maestranda en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Sus líneas de investigación se enfocan en: mujeres indígenas, migración,
    afectos, cuidados y feminismos marxistas. Su trabajo de campo lo ha desarrollado en comunidades mixtecas desde 2017, combinando metodologías participativas y enfoques interseccionales. Así mismo, ha formado parte de Seminarios situados desde una perspectiva de Género.   ↩︎