Por Omar Hernández Rayas*
Vivir en las periferias, estudiar, pensar y escribir desde aquí, tiene connotaciones ya reveladoras de lo que significa ser y estar en el mundo bajo esta primera condicionante, aunado a ello, es precisamente la periferia, la que funge como espacio de recepción, tránsito o retorno de migrantes, una compleja condición.
Intento desprendido de lo anterior, pilotar una forma de abordar y pensar los espacios “centros y periferias” y con ello entender los procesos que derivan en lo que denomino “doble repulsión” que es en sí, una pretensión de superación de la noción de “expulsión” per se, en el tema de la migración.
Una genealogía del tránsito humano supone una odisea imposible para términos del alcance de lo que aquí pretendo plasmar, por ello solo me concentro en un enfoque muy específico de los fenómenos migratorios, con miras a una comprensión holística de los mismos, y que, además, que esta misma acepción pueda ser útil para el estudio del fenómeno en otros espacios geográficos.
Con una connotación xenófoba, se denominó desde el poder “crisis” y las subsecuentes denominaciones: migratoria, de la caravana hondureña, de la caravana migrante, de migrantes centroamericanos y un largo etcétera. Vaya forma de construir un discurso desde el poder “la maquinaria echada a andar” a lo que bien podemos referirnos como éxodo, que además en el fondo no tiene mucho de nuevo y que representa el desborde del sistema que muestra una vez más su innegable crisis.
Me asalta ipso facto una inquietud ineludible al comparar el discurso desde el poder, con el propio lenguaje empleado para denominar a aquellos que se vieron en la necesidad de salir de su lugar de origen para encontrar mejores condiciones de vida, en suma, el despliegue de toda una serie de narrativas incrustadas en la gramática normalizada con las que reproducimos el discurso oficialista, aunque digamos no estar de acuerdo con él.
Las periferias en la CDMX, como se observa actualmente en Iztapalapa o Tláhuac, constituyen el lugar de arribo para muchos migrantes que no cumplieron sus expectativas de llegar a EE. UU.
Omar Hernández Rayas
La política pública mexicana refuerza este fenómeno al implementar lo que denominaron “cortinas de desarrollo” donde en el fondo se busca mitigar el tránsito migratorio, al tiempo que se obstaculiza; eso sí, con un discurso de apoyo al “hermano migrante” y de fraternidad.
Proyectos sociales, megaproyectos de infraestructura y turismo que ofrecen una fuente de empleo que expiden documentación temporal; residencia temporal, visitante con permiso para realizar actividades remuneradas o tarjeta de visitante por razones humanitarias, están focalizadas en zonas periféricas, pues los grandes centros urbanos y de desarrollo son inaccesibles.
Una vez establecidos en el país, al converger en la cotidianidad con aquellos que nacimos y crecimos en estas periferias, se diversifican nuestras formas de ser y estar en el mundo, pues en el universo de su desarrollo, colisionan, convergen y se complejizan. Basta con asomarse a la esquina para encontrar presencia de migrantes y cómo la cotidianidad los incorpora en muy diversas formas, sobre todo y últimamente de origen haitiano, se observa y se vive en esta periferia en la que me desenvuelvo cotidianamente.
Los centros de desarrollo tienen un núcleo denso, es por ello que repelen los intentos de concreción del proyecto migratorio, como el de llegar a los EE. UU. o la misma CDMX, pero no solo los repele, sino que irradia esta densidad, pues este núcleo se nutre de espacios periféricos que también pasan a irradiar densidad; es decir, el crecimiento y absorción de las ciudades de cada vez más espacios, de esta forma tenemos núcleos irradiadores de densidad dentro de espacios periféricos.
La búsqueda de establecerse en un lugar que ofrezca una mejor calidad de vida y una posterior repulsión por estas periferias irradiadoras del desarrollo (ideal de destino) obliga a establecerse en la periferia de la periferia. Una doble repulsión.
Omar Hernández Rayas
Quienes se establecieron después (migrantes), experimentan lo que en una ontología política se entiende como “limbo administrativo” periodos permanentes de incertidumbre, pues el proyecto teleológico de su acción queda truncado (Rodríguez, 2020). La interrupción (involuntaria) de un proyecto obliga a mediar con el entorno de una forma extra-ordinaria, es por ello que las categorías inteligibles se transforman y se adaptan a la realidad devenida.
Este entendimiento de una “doble repulsión”, tiene miras a resignificar las condiciones de las y los refugiados, además, no se pretende categorizar desde una ontología política “formal” sino que se acerca mucho más a una ontológico social, de ahí el título “mediaciones extraordinarias” que no es más que la capacidad de agencia de aquellos que experimentan el limbo administrativo y la doble repulsión. Estas mediaciones extraordinarias son la respuesta a esta doble repulsión y expulsión.
La adaptación a un proceso de expulsión y de doble repulsión, propician una “ciudadanía nómada” (Balibar y Wallerstein, 1991) en donde la identidad vista como un sentido de auto-pertenencia a un grupo o grupos, se ve modificada y complejizada.
El primer paso de su concepción queda sintetizado en la palabra “avecindado” una forma de concebir a la alteridad, al llegado, al migrante, sin embargo, no es una concepción amable, pues aleja a los sujetos en contraposición del yo. El otro que no soy yo; los avecindados que no somos los originarios.
Se vislumbra una explicación genética del fenómeno que es inherente a la migración desde el lenguaje. Con la concepción de “los otros” que no somos “nosotros” detona una diferenciación de la otredad, un alejamiento del otro subjetivo. No se entiende como un concepto de adjetivación de los sujetos, sino los procesos que culminan en él, vistos desde el proyecto interrumpido de la migración.
Se requiere entonces de una concepción socio antropológica que detecte desde la subjetividad el fenómeno en bucle de la migración y cómo los procesos sociales de una doble repulsión, pero también de capacidad de agencia para adaptarse a un entorno en el cual no se planeaba estar desde un principio.
Omar Hernández Rayas
Hay un bucle de expulsión de aquellos que están en la búsqueda de una “mejor calidad de vida”. Al incumplirse su intención primera, se despliegan estrategias para establecerse en un segundo espacio de donde son también “expulsados” metafóricamente hablando, sin embargo, este segundo espacio, no posee la gravedad de un núcleo para poder expulsarlos físicamente, se despliega toda una serie de medidas de diferenciación y ordenamiento en función de la discriminación.
Memes y comentarios en redes que son hoy día, otra forma de engranar la maquinaria y dejarla fluir en espacios digitales con implicaciones reales de una diferenciación y discriminación, por muy disfrazada de memes “buena ondita” que podamos compartir, ver o leer.
Es entonces cuando las mediaciones extraordinarias cobran aún más fuerza, con estructura y redes de apoyo construidas por propios migrantes, resisten los embates de la discriminación física, étnica y espiritual, pero también cultural, administrativa y de la doble repulsión.
Al parecer no somos capaces de resistir embates como sociedades receptoras, de tránsito y de repatriación si el poder aceita bien la maquinaria, cubre todos los flancos y nos coloca en su discurso, pero no solo eso, siempre lo llevamos más allá y surge la xenofobia más irracional desde su concepción y nos atrevemos a decir que los empleos de las implementadas “cortinas de desarrollo” deberían ser para los propios mexicanos, que los migrantes son mal agradecidos, que nos están invadiendo o aún más lejos, que son objetos manipulables financiados por EE. UU. para generar conflictos en tiempos electorales, mostrando una vez más nuestra debilidad colonial.
Sin duda alguna los procesos migratorios son complejos, suscitando aspectos y enclaves socioculturales diferentes que los hace difíciles de comprender y analizar. La era digital, la post verdad y el neoliberalismo le dan un nuevo rumbo a estos procesos desbordados, un análisis desde las industrias culturales y las ciencias sociales con perspectivas de una ontología social, pero también desde una ontología política con miras a incidir en las resoluciones de acciones gubernamentales concretas es precisa.
Bibliografía
Adorno, M. H. (1988). La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas . Sudamericana.
Balibar, É., & Wallerstein, I. (1991). Ciudadanía. Preguntas de Nuestro Tiempo. Siglo XXI.
Benjamin, W. (1940). Tesis sobre la filosofía de la historia. En Iluminaciones. Ensayos y fragmentos. Taurus.
BENJAMIN, W. (2017). La tarea del crítico. Eterna Cadencia Editora.
Rodríguez, R. (2020). Migración cero. Reterritorializar la condición de refugiado en México. Bajo tierra ediciones .
*Omar Hernández Rayas es estudiante de la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Este ensayo fue presentado para certificar el Seminario de Teoría Crítica impartido por Roxana Rodríguez Ortiz, semestre 2023-2
