Me había abstenido de escribir todos estos meses sobre política migratoria y fronteriza en México porque el gobierno de AMLO ha estado dando bandazos y a principio de año nos sorpendió su postura hospitalaria (duró poco) mientras que el resto del tiempo nos ha sorprendido su postura coercitiva con respecto, especialmente, con las migraciones en tránsito.

El primer cambio importante de la política migratoria de AMLO fue justamente quitarle la autonomía a SEGOB sobre la toma de decisiones e implementación del control de las fronteras, para dejársela a la SRE, a cargo de Marcelo Ebrard. Este cambio en la administración y ejecución de la política fronteriza y migratoria del país ha afectado en varios niveles sociopolíticos y evidentemente económicos.

La característica principal de esta decisión es una mayor co-dependencia con la política estadounidense, vía la diplomacia (foreign affairs) dados los principios ideológicos del titular de la secretaria de Relaciones Exteriores (el Videgaray de AMLO) que ha negocioado tres cosas, principalmente, a cambio de frenar la migración en tránsito de personas centroamericanas y africanas: el T-MEC, el plan de desarrollo integral para Centroamérica, el pacto global de migración

Hoy se dieron a conocer los números de remesas para 2019 y, evidentemente, vuelve a existir un aumento con respecto al periodo anterior en un 9% (enero a septiembre). La pregunta obligada ¿debe sorprendernos este aumento? Diría que no, incluso a pesar de la retórica antiimigrante de Trump las deportaciones de su gobierno no superan aún a las de la administración de Obama, a quien han denominado el “Deportador en jefe” ciertos activistas hispanos.

El aumento de las remesas corresponde a distintas variables de la macropolítica estadounidense, como a una noción del “ahorro” de las familias mexicoamericanas con respecto a sus pares en México, derivado del decrecimiento económico de la administración actual, y evidentemente a la disminución del número de mexicanos deportados con respecto a la admionistración de Obama, aunado al apoyo de Ebrard a los mexicanos en el exterior, que no es nada coercitiva con respecto a la política local-regional.

Lo que sorprende es justamente el austericidio (Boaventura de Souza Santos) aplicado a la política migratoria y fronteriza en México que supuestamente atiende al Pacto Mundial que articula una migración ordena, segura y regulada (poco presupuesto a la COMAR, por ejemplo), pero cuyos resultados en el mundo están más vinculados con la necropolítica; es decir, mientras seguimos exprimiendo y expulsando mano de obra barata, gracias a las remesas, el barco económico de México todavía no se va a pique.