Distopía de las no-fronteras en la Unión Europea1
Por Roxana Rodríguez Ortiz
La primera vez que estuve en Nador (Marruecos), por invitación de mis colegas del grupo de investigación en Barcelona, el Gedime, fue reveladora en varios niveles y especialmente porque también ahí pude corroborar las categorías que he desarrollado como parte del modelo epistemológico de la frontera; es decir, en la zona de convivencia fronteriza Nador-Melilla pude advertir elementos de las fronteras subjetivas, de las fronteras sociohistóricas, de las fronteras de la securitización y de la frontera glocal, (lo mismo que observé meses después, durante mi vista a Palestina-Israel).
Nador es una ciudad fronteriza (y también es el nombre de la región en la que Melilla fue la capital del protectorado español hasta la independencia de Marruecos en 1956) como otras tantas que he visitado en estos años, y que cumple con la diégesis teorética arriba expuesta (frontera geopolítica producto del proyecto expansionista español donde conviven varias lenguas, culturas y religiones, y fuertemente securitizada en los últimos años mediante mallas de alambre).
Esta zona de convivencia fronteriza pertenece a la región rifeña que, a su vez, colinda con Argelia. Otra frontera que tampoco me interesaba conocer pero que no se puede obviar cuando se estudia la zona, especialmente porque es de las pocas fronteras en el mundo donde no solo está cerrada a la movilidad humana, sino también al flujo de productos: “A 180 kilómetros de Almería empieza la más larga frontera del mundo casi herméticamente cerrada desde 1994. Entre las dos Coreas, teóricamente en guerra, circulan ahora trenes de mercancías y solo otras dos fronteras —las que separan a Armenia de Turquía y Azerbaiyán— son tan infranqueables como la que divide a Marruecos de Argelia” (Cembrero, 2008).
Obviamente esta supuesta impenetrabilidad de la frontera entre Marruecos y Argelia no impide el contrabando de productos, especialmente de gasolina. A diferencia de lo que se observa en México, por ejemplo, donde se “ordeñan” los ductos de gasolina, para venderlos en el mercado negro, el tráfico de gasolina de Argelia a Marruecos se hace con burros que llevan un aparato auricular en las orejas que reproduce la orden “arre, arre, arre”. Y sobre la carretera que lleva a Oujda o Berkane, desde Nador, es posible comprar los bidones de gasolina.
Aunado a lo anterior, con la schengenización del sur del Mediterráneo, y al ser Melilla y Ceuta enclaves españoles, aunque estén en otro continente, participan en el esquema de “libre circulación” y “mercado único” de los Estados miembro. En este sentido, a partir de 1995 se promueve el comercio euromediterráneo, al tiempo que se securitizan las fronteras exteriores derivado de un aumento considerable del tráfico de productos ilegales, pero sobre todo para detener el flujo de personas, especialmente aquéllos que se denominan migrantes económico irregulares:
The reconfigured Spanish–Moroccan border regime, as is the case of the general EU external border landscape, is becoming increasingly selective. In this scenario, although entrenched in the same logic, the peculiar border regimes of Ceuta and Melilla emphasize this selective profile. That is, they seem to be giving rise to more intense patterns of border selectivity. Since the economic sustainability of the enclaves depends on their interaction with their hinterlands, cross-border flows of people from the surrounding Moroccan provinces of Tetouan and Nador (excluding those who do not have documents indicating residence there) are permitted. These flows are allowed under the legal framework of an exception to the Schengen Agreements. The deployment of this exceptional judicial umbrella implies that, on a daily basis, Ceuta and Melilla import labor force and consumers from Morocco. The barrier effect of the African Schengen borders is thus selectively lowered for (some) people, which implies that the two (EU)ro-African cities benefit from a regulated cross-border flow of people (and people transporting goods), sourced in the massive economic asymmetries between the two sides of the border. (Ferrer, 2008: 309-310)
Ceuta se ubica en la región de Tánger-Tetuan y colinda con el Estrecho de Gibraltar, lo que la hace una zona de convivencia fronteriza compleja y particular en varios niveles, especialmente por las dinámicas de convivencia entre tres países (España, Reino Unido y Marruecos) referentes a la schengenización del espacio, la externalización de las fronteras y, desde luego, la importancia geopolítica de la región en la frontera horizontal del Mediterráneo. Con el Brexit, volvieron a resurgir los clamores de la pertenencia del Estrecho de Gibraltar, una situación no menor, porque a su vez ha permeado la existencia de esta zona fronteriza incluso cuando Ceuta era protectorado español:
The triangular geopolitical discussion between Spain, Morocco, and the UK regarding the sovereignty of Ceuta, Melilla, and Gibraltar […] provides the Spanish-Moroccan border with some classical geopolitical content. Together with the influence of the complex intertwining of territorial claims across the Strait of Gibraltar, the echoes of the Spanish colonial presence in Morocco (1912-1956) are also geopolitically relevant and need to be taken into consideration. (Ferrer, 2008: 307)
Melilla presenta otros rasgos de ciudad fronteriza. Por ejemplo, la arquitectura de Melilla fue modificada de forma significativa, se contrató a un arquitecto barcelonés para que le diera una imagen que se diferenciara del mundo árabe. Una imagen moderna y modernizadora que por un lado contrasta con la ciudad amurallada (resultado de una ocupación militar de casi cuatro siglos), y, por otro, con la arquitectura fronteriza y de tercer mundo de Nador.
Por su parte, Nador es una ciudad que está en crecimiento, especialmente una vez que se construye el puerto Beni Enzar que compite con el de Melilla y hace más independiente a Marruecos de España a nivel comercial, aunque es una ciudad clave para la externalización de las fronteras europeas.
Melilla fue un punto estratégico durante la Guerra civil Española en dos niveles: primero en lo económico, gracias a las minas de hierro que había en Nador, en la época del protectorado español hasta 1956 (y todavía es posible advertir su presencia); segundo, porque desde ahí salieron un número importante de soldados marroquíes a quienes les prometieron la ciudadanía una vez que la guerra terminara, situación que no necesariamente se cumplió en todos los casos, como ha sucedido recurrentemente con la población mexicana en Estados Unidos.
En ambas zonas de convivencia fronteriza se observan diferentes dinámicas de contrabando derivadas de la schengenización del espacio. Muchas de ellas provocadas por las mismas políticas de securitización del gobierno español. Un ejemplo simbólico y lamentable corresponde a las imágenes que observamos en la prensa cada tanto de las “porteadoras” o “mujeres-mula”. Estas mujeres se encargan de cruzar productos a Marruecos gracias a un régimen de excepción que les permite acceder a Ceuta o Melilla sin necesidad de visado con la condición de cruzar solamente en el día y sin pasar la noche en la ciudad:
A las 9:00 abre el puesto fronterizo melillense del Barrio Chino, la porteadora muestra el pasaporte y camina hacia una explanada en la que varias furgonetas dejaron temprano en el suelo los bultos preparados para la carga. Amarra con cuerdas el paquete sobre su espalda y anda en sentido contrario más de 200 metros, sorteando la multitud que se amontona en el estrecho lugar, para entregar pronto la carga en el lado marroquí y volver a hacer más portes, entre tres y cuatro al día antes del cierre del paso a la 13:00 horas. Las mercancías se almacenan en el polígono de El Tarajal. Las mujeres cobran cuando entregan el fardo en el lado marroquí, donde hay hombres con carretillas o vehículos esperando para transportarlo. La cuantía depende de los kilos que carguen. […]
Calcetines, calzoncillos, pañales. Mantas y zapatillas de segunda mano. Zumos, galletas, arroz y chucherías de todo tipo. También neumáticos usados y chatarra. En los fardos de las porteadoras cabe cualquier cosa. Pero en los últimos años gana el textil con origen en China y parada en el polígono Cobo Calleja, en Fuenlabrada (Madrid). A esta actividad los melillenses y ceutíes la llaman “comercio atípico” y los marroquíes lo viven como contrabando tolerado (Partido SAIN, 2015).
Los casos dramáticos y simbólicos de la deshumanización en las fronteras, producto de la política exterior europea, y que también observamos a diario en la prensa, son diversos. Nos hemos acostumbrado a ver las imágenes de las parteras llenas de migrantes o refugiados que cruzan el Mediterráneo, algunas con poco éxito; o las imágenes de los cuerpos inertes en las playas de ambos lados del mismo mar; o a los migrantes subsaharianos trepados en la malla de seis metros que limita con un campo de golf; o migrantes abandonados en zonas de limbo administrativo como se observa en Calais o el Monte Gurugú. Y así puedo seguir enunciando la tragedia humana de la migración que se topa a diario con las fronteras de la securitización.
Todas estas imágenes que observamos también son producto de la violencia institucionalizada. En el capítulo anterior me referí a la participación de Frontex, y de algunas organizaciones de la sociedad civil, que hacen el trabajo sucio, como deportar en caliente y masivamente a los migrantes y refugiados, pero también existen otros casos perpetrados por las fuerzas públicas de seguridad, como los asesinatos en Tarajal ocurridos en 2014, donde la policía local disparó balas de gomas a cerca de 200 migrantes subsaharianos que llevaban horas flotando en el mar, y donde murieron ahogados 15 personas (y solo 12 cadáveres recuperados).
La narración de esta tragedia es lamentable en muchos sentidos (por ello me tomo la libertad de citarla ampliamente pues coincide con el análisis que estoy elaborando desde la diégesis teorética), especialmente por la ausencia de una política binacional migratoria, por la ausencia de facultades y de delimitación de las fronteras, así como por la ausencia de protocolos de prevención y seguridad humana, especialmente en las fronteras marítimas:
05.45. Las cámaras térmicas de la frontera permiten avistar la llegada de unos 200 inmigrantes acercándose al perímetro fronterizo desde los motes próximos al vallado.
07.30. El grupo sigue sin ser interceptado, por lo que se despliega una unidad de la Guardia Civil (el módulo de intervención rápida) especializada en “control de masas e impermeabilización de la frontera”.
07.35. Los inmigrantes llegan a la carrera a la zona de obra próxima a la aduana de El Tarajal. Algunos de ellos portan “objetos para utilizar supuestamente como salvavidas”. La Guardia Civil se desplaza a esa zona y también a la playa colindante. “El grupo de inmigrantes mostraba una inusitada actitud violenta, agrediendo continuamente con palos y piedras al personal del Ejército marroquí que trataba de contenerlos”, dice Interior [Ministro del Interior, Jorge Fernández Días].
07.38. Los subsaharianos llegan a la playa, donde se topan “con un nutrido grupo de militares marroquíes” que impidieron su entrada al interior de la aduana y mantuvo al grupo de inmigrantes “en la zona de la playa”.
07.40. Los inmigrantes, “muchos de los cuales presentaban signos de agotamiento físico por el intento de intrusión, corrieron hacia el espigón que separa las partes española y marroquí de la playa de El Tarajal”.
El relato del ministro deja de tener horas a partir de ahora y detalla qué hizo la Guardia Civil, se supone que a partir de las 7.40, que es cuando comienzan a entrar en el agua los inmigrantes:
Los disparos al agua: “La Guardia Civil delimitó un área con medios antidisturbios y, para frenar su avance, se lanzaron medios para delimitar la traza fronteriza en el mar. La orden, como en otras ocasiones, fue que siempre hubiese varios metros entre el lugar de impacto en el agua y los propios inmigrantes. Todos los lanzamientos se hicieron desde tierra, con una distancia superior a 25 metros, y la zona de impacto siempre correspondió a aguas españolas, lejos de donde se encontraban los inmigrantes”. El ministro aclaró que se dispararon “cartuchos de proyección, que son de fogueo, que solo hacen ruido” y “pelotas de goma”.
“En ningún momento el objetivo del uso de los medios en la mar fue alcanzar a ninguno de los inmigrantes, sino hacer visible una barrera disuasoria”.
La vuelta atrás: “Se consiguió que desistieran del intento la mayor parte de los inmigrantes, sin que ninguno de ellos hubiera sido alcanzado por medios de la Guardia Civil, lo que en ningún caso era su objetivo”.
Los que llegaron: “Un grupo de 23 inmigrantes consiguió acercarse a menos de 25 metros de esa barrera, momento en que “se dio la orden tajante e inmediata de cesar el lanzamiento de medios para no poner en ningún caso en peligro la integridad de inmigrantes”.
“De forma inmediata fueron rechazados y se hicieron cargo de ellos las Fuerzas marroquíes de las que habían escapado y que los estaban reclamando”.
El final. La Guardia Civil cifra en 14 los fallecidos en el incidente, pero solo se han recuperado 11 cadáveres, dos en aguas españolas y el resto en Marruecos. No hay cifras oficiales. El resto de inmigrantes no logró entrar en España. (narración del Ministro del Interior, Jorge Fernández Días citada en Rodríguez Arroyo, 2014)
Lo más lamentable de esta situación es que después de hacer las averiguaciones no se fincaron responsabilidades contra ninguno de los integrantes de la Guardia Civil que participaron en el evento y, posteriormente, la juez que llevaba el caso decidió archivarlo. Una situación recurrente que demuestra la violencia institucionalizada a la que se enfrentan quienes deciden hacer valer su derecho a la movilidad humana.
Desafortunadamente, con las actuales políticas de extranjería estamos muy lejos de modificar la actuación de los gobiernos no solo en función de las desapariciones forzadas, sino también en función del desplazamiento humano y de la movilidad humana. Lo que se observa en las fronteras sin duda es solo la punta del iceberg de lo que oculta el fenómeno migratorio, de ahí mi renuencia a pensar demagógicamente que la solución a todos los problemas vigentes en la frontera horizontal del Mediterráneo sea únicamente la apertura de las fronteras del espacio Schengen. Ese discurso, desde mi perspectiva, solo desvía la atención de lo realmente importante que es un cambio radical en la economía política neoliberal.
- Fragmento tomado del libro: Rodríguez Ortiz, Roxana. (2016) Cartografía de las fronteras. Diario de campo. Amazon. ↩︎

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