Estudios Fronterizos

Territorio, tratados y conocimiento en la frontera Colombia-Venezuela

Una reflexión desde la epistemología fronteriza

Por Diana María Quintero Jerez1

En el extremo norte de Colombia, donde el continente se adelgaza hasta convertirse en una lengua de tierra entre el mar Caribe y el golfo de Venezuela, se extiende La Guajira. Una península árida, de vientos implacables y un cielo que parece más grande que en cualquier otro lugar donde el desierto llega hasta abrazarse con el mar.

El Cabo de la Vela —punta norte de la península—es, desde la mirada de muchos, simplemente un destino turístico, empero para el pueblo wayuu, que habita este territorio desde antes de que existiera cualquier Estado que lo reclamara, es el lugar sagrado donde van las almas de los muertos. Jepira, entendido este no como el más allá abstracto del pensamiento occidental, sino una dimensión del mismo territorio físico donde los muertos siguen existiendo, transformándose y comunicándose con los vivos a través de los sueños, como es propio de su cosmovisión.

Esta manera de habitar el territorio,entre el mundo de los vivos, el de los sueños (Lapü) y el de los muertos (Jepira), va más allá de una creencia cosmológica, constituye  una ontología, una forma de entender qué es real y cómo se estructura la existencia para este pueblo. Y es, también, la clave para entender por qué La Guajira es el ejemplo más contundente que conozco de lo que la filósofa chicana Gloria Anzaldúa llamó nepantla.

En 1833, Colombia y Venezuela firmaron el primer acuerdo para delimitar sus fronteras y después de casi cincuenta años de disputas, en 1881, sometieron la cuestión al arbitraje de la reina regente de España, quien en 1891 fijó la línea que dividiría la península de La Guajira entre los dos países. Una línea trazada en Madrid sobre un territorio que nunca fue visitado por quienes decidían sobre él. Los wayuu no fueron consultados, no firmaron nada, no cedieron nada; la frontera simplemente apareció sobre su territorio como una imposición que ellos nunca reconocieron como propia. Esa línea dividió familias, clanes, rancherías y cementerios; dividió también, aunque quienes la trazaron no lo supieran, el territorio de Jepira, el Cabo de la Vela, quedó en Colombia, pero las comunidades que necesitan llegar a él para cumplir sus rituales de muerte quedaron repartidas entre los dos países. La frontera no separó dos realidades distintas, interrumpió una sola.

En agosto de 2015, esa interrupción se repitió con particular violencia, cuando el gobierno venezolano ordenó el cierre de la frontera y la deportación masiva de colombianos. Miles de wayuu que habían vivido durante años en el lado venezolano del territorio fueron expulsados, porque para el Estado venezolano eran colombianos, pero para el Estado colombiano eran venezolanos en crisis. Como registra Radio Nacional de Colombia sobre el paso fronterizo de Paraguachón:

La frontera entre Colombia y Venezuela por el lado de Paraguachón, en el departamento de La Guajira, siempre ha estado activa. Pese a los siete años de tensas relaciones entre los gobiernos de ambos países, en esta zona no fue posible hacer una división entre las naciones, ya que la gente, y en especial el pueblo indígena wayuu no permitió que se les limitara el libre tránsito por un territorio al que ellos llaman la Gran nación wayuu, que comprende los departamentos de La Guajira en Colombia y el Estado Zulia en Venezuela.

Radio Nacional de Colombia (s.f.)

Para ellos mismos, la respuesta ante las deportaciones fue filosóficamente precisa: no somos migrantes, somos retornados. Salimos de un territorio propio y llegamos a uno propio (Ochoa, 2021). No cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros.

Gloria Anzaldúa creció en la frontera entre Texas y México y describió en Borderlands / La Frontera: The New Mestiza (1987) una condición que llamó nepantla, el estado permanente de quien existe entre dos mundos sin pertenecer completamente a ninguno, no como etapa de transición hacia algo más estable, sino como la forma misma de existir. Quien habita Nepantla no está esperando pertenecer a uno de los lados, está produciendo, desde esa tensión irresuelta, un conocimiento que ninguno de los dos lados puede generar por sí solo, está produciendo así también una nueva realidad.

In a constant state of mental nepantilism, an Aztec word meaning torn between ways, la mestiza is a product of the transfer of the cultural and spiritual values of one group to another. […] in a state of perpetual transition.

Anzaldúa (1987, p. 78)

Lo que Anzaldúa describió desde su experiencia chicana, el pueblo wayuu lo habita desde siglos antes y desde una profundidad que excede la identidad cultural. Para los wayuu, existir entre mundos no es una condición impuesta por la colonización o por la línea de un tratado; es la estructura misma de su realidad. El territorio tiene tres dimensiones ontológicas simultáneas: las lluvias vienen de Jepira, los sueños son mensajes de los muertos, el alma no muere, se transforma en yoluja y luego en lluvia, en un ciclo que la ontología wayuu llama Aþwanajawaa, el tiempo de la transformación continua (Gouriyu Iguarán, 2020).

La Guajira entonces antedece y demuestra que Nepantla no es una metáfora literaria ni una descripción de malestar identitario, es más bien la descripción de una estructura ontológica real que produce formas específicas de conocimiento. Anzaldúa puso nombre a algo que el pueblo wayuu habita constitutivamente. Cuando en 2015 dijeron no somos migrantes, estaban ejerciendo exactamente esa forma de conocimiento, sabían algo sobre su territorio que ninguno de los dos Estados podía saber porque ninguno de los dos lo habita desde adentro.

Mi investigación doctoral propone llamar a ese saber conocimiento liminal, el conocimiento que surge en el umbral, en el espacio entre mundos que se mantienen en tensión sin fusionarse, el conocimiento que solo es posible desde el entre, desde el nepantla constitutivo. Y tiene características que ningún otro tipo de conocimiento tiene, puesto que puede ver los bordes de los sistemas desde adentro, puede percibir lo que cada lado oculta sobre sí mismo, puede nombrar lo que los dos sistemas en contacto producen juntos y que ninguno producía por separado.

El pueblo wayuu tiene ese conocimiento sobre su territorio de una manera que siglos de tratados, dos Constituciones nacionales y múltiples políticas migratorias no han podido reemplazar. Cuando dicen que Jepira es parte del territorio, que los muertos se comunican a través de los sueños, que la lluvia viene de los ancestros, no están describiendo creencias privadas. Están describiendo una estructura de la realidad que el Estado no ve porque sus instrumentos conceptuales —soberanía, ciudadanía, frontera como línea— fueron construidos para no verla. Eso es epistemología fronteriza en acción. Y La Guajira, con sus tratados incumplidos, sus deportaciones y sus muertos que siguen llegando al Cabo de la Vela, es su demostración más viva.

Referencias

Anzaldúa, G. (1987). Borderlands / La Frontera: The New Mestiza. Aunt Lute Books.

Gouriyu Iguarán, A. (2020). Wayunkeera, un trenzado metodológico epistémico del desarrollo humano wayuu. Encuentros, 18(2). https://doi.org/10.15665/encuent.v18i02.2227

Ochoa, A. M. (2021). ¿Migraciones o retorno? El movimiento del pueblo indígena transnacional Wayuu. Nómadas, 54, 97–113.

Radio Nacional de Colombia. (s.f.). Paraguachón, hogar de la ‘Gran nación wayuu’. https://www.radionacional.co/noticias-colombia/paraguachon-hogar-de-la-gran-nacion-wayuu-frontera-colombia-y-venezuela

Radio Nacional de Colombia. (2020). Significado de la muerte y el Jepira en la cultura wayuu. https://www.radionacional.co/cultura/tradiciones/que-es-la-muerte-y-el-jepira-para-el-pueblo-wayuu

  1. Diana María Quintero Jerez es investigadora doctoral en Filosofía de la Universidad Santo Tomás de Colombia. Su proyecto construye una epistemología fronteriza a partir del diálogo filosófico entre Gloria Anzaldúa, Manuel DeLanda, Denise Najmanovich y Donna Haraway. Actualmente realiza una estancia de investigación con la Dra. Roxana Rodríguez Ortiz en la UACM. ↩︎