A toda acción una reacción. ¿Trump es capaz de invadir México por tierra para atacar al crimen organizado? Lo sucedido en Venezuela nos muestra que sí es capaz y que, además, se siente con “la responsabilidad moral de hacerlo”. Una responsabilidad que él mismo abandera como “guardián de América (continente)”. Es decir, sobre amenaza no hay engaño. Por lo menos ya no son solo brabuconerías de su parte, como llegamos a pensar en algún momento y me incluyo, especialmente durante su primera administración.
Llevo muchos años estudiando las fronteras mexicanas, incluso a contracorriente. Cuando en la academia, la sociedad civil, el propio gobierno analizaban la migración, en diferentes foros en los que participé, especialmente entre 2013 y 2028, les insistí en que debíamos voltear a ver las fronteras, la seguridad fronteriza en particular, no solo la seguridad humana. Mi último intento de poder tener este diálogo fue con una propuesta para crear una Agencia Especial de Fronteras en México que pasó prácticamente desapercibida.
En esta primera versión de la propuesta afirmaba que, si el gobierno, ya morenista, no empezaba a trazar una política fronteriza, difícilmente el nearshoring sería la panacea que haría crecer la economía en México. Y, bueno, los resultados ahí están. El crecimiento económico cada vez va más a la baja por tres temas en particular: inseguridad (incluye extorsión y corrupción), cambio en el poder judicial e informalidad. En otra entrada aludiré a ello. Lo que importa, no solo a raíz de las amenazas-advertencias de Trump, es voltear a ver las fronteras mexicanas nuevamente. Trazar política fronteriza, independientemente de la política migratoria.
Entonces, para no alargarme mucho más en algo que para mí es muy claro, comento algunos aspectos sobre el contexto fronterizo mexicano de cara a las recientes amenazas de Trump:
- Habiéndose desplazado la narrativa sobre el control migratorio a la de la lucha contra el narcotráfico por parte del gobierno estadounidense, es evidente que se debe contar con una política de seguridad fronteriza en México que no reaccione, sino que proteja al país de las acciones de Trump.
- La seguridad fronteriza no consiste en militarizar las fronteras ni criminalizar la migración. Consiste en establecer una política fronteriza que proteja los recursos naturales, humanos y territoriales del crimen organizado, de la corrupción y de las intervenciones extranjeras.
- El debate sobre el amurallamiento de las fronteras no es lo que está en discusión. Evidentemente, los muros fronterizos no deberían formar parte de la seguridad fronteriza en ningún continente.
- La frontera norte de México no es la única que se debe cuidar; también la frontera sur y todas las otras fronteras internas que existen en el país, como las que se trazaron durante el gobierno de AMLO en el Istmo de Tehuantepec.
- Dejar de jugar al gato y al ratón con el país vecino. Por décadas las puertas fronterizas mexicanas se abrieron para dejar pasar mano de obra barta, mercancía, drogas, armas, de mutuo acuerdo entre particulares y gobiernos de ambos países. El nuevo orden mundial, la narrativa de la doctrina Donroe (sustituyendo la doctrina Monroe), nos pone en otro escenario donde ese juego ya no funciona.
- Por décadas México utilizó la migración como moneda de cambio para el control de sus fronteras. Por décadas México se ha beneficiado de las remesas. Y también, por décadas, los partidos en el poder se han mantenido gracias al dinero del crimen organizado. Morena no es la excepción.
El gran aprendizaje que me ha dejado estudiar las fronteras en diferentes continentes consiste en que mientras más frágil sea la seguridad fronteriza, el impacto económico, social, cultural, etc., es mayor. En México, en particular, la seguridad fronteriza siempre ha estado pensada en respuesta a una acción del país vecino. Provocando una desatención consciente de las fronteras (tanto por tierra, mar como por aire); es decir, la reacción de los gobiernos mexicanos frente a las políticas migratorias de Estados Unidos ha permitido la fragilidad de nuestras fronteras. Quizá es tiempo de que el propio gobierno mexicano se encargue de cuidar sus fronteras y se tome en serio la seguridad fronteriza, la seguridad del territorio, la seguridad de la población y de sus recursos naturales.
