Por Julieth Niño1
Viajando uno se da cuenta que las diferencias se pierden: cada ciudad se va pareciendo a todas las ciudades, los lugares intercambian formas orden distancias, un polvillo informe invade los continentes. Tu atlas guarda intactas las diferencia: ese surtido de cualidades que son como las letras del nombre.
Italo Calvino, Las ciudades invisibles
Desde hace algún tiempo he venido trabajando algunas zonas y perspectivas de las escrituras migratorias en América Latina. Bajo una mirada geográfica hacia los desplazamientos que despliegan estas escrituras, he logrado advertir territorios y procesos que posibilitan visualizar fenómenos propios de nuestra realidad. Así mismo he reconsiderado conceptos y he propuesto caminos que atienden a distintas formas en que la frontera complejiza los imaginarios geográficos de nuestro territorio. El paso de la modernidad tardía, como lo indica Ana Pizarro (2004), ha significado una apertura de perspectivas, de nuevas observaciones de la realidad que se extiende como un amplio abanico de posibilidades de investigación. Al acercarnos a las literaturas de migración del siglo XXI, estas nos imponen situarnos en términos espaciales, por una parte, porque los personajes narrativos generalmente entran en contacto permanente con diversas geografías, pero también porque dan cuenta de realidades compartidas que generan un encadenamiento de imágenes y sensaciones que provocan una experiencia intima con el lector(a) tensionando el instante estético con los recuerdos.
Para quienes hemos tenido la experiencia de migrar de nuestro país de origen se hace difícil apartar del pensamiento nuestras propias historias de migración cuando nos acercamos a estas escrituras. Es a partir de esta primera experiencia estética que el testimonio y la ficción empiezan a depender de un mismo régimen de sentido. Para el filosofó Jacques Rancière (2009), la revolución estética redistribuye el paisaje ficcional donde “la nueva forma de contar historias, es antes que nada una manera de afectar con sentido al universo empírico” (p. 45). Se trata de constatar, por lo tanto, la migración desde un sentido estético y político que, comparten prácticas espaciales que posibilita la reflexión y la coexistencia de la crisis como un punto valido para articular las problemáticas que provocan los desplazamientos en América Latina.
En el presente escrito analizo las relaciones espaciales entre literatura y territorio que se hacen frecuentes en las actuales narrativas sobre migración. Mi principal objetivo es brindar algunas teorías que nos permiten acercarnos de un modo diferente a las migraciones, ya no desde los espacios geopolíticos tradicionales, sino desde las experiencias del cruce que hacen posible el despliegue de coordenadas que develan las manifestaciones afectivas de los personajes literarios involucrados. Esta propuesta teórica que se presenta a continuación, busca pensar el territorio como un eje dinámico que se vincula estrechamente con la reflexión socioespacial que estudia las relaciones entre los personajes narrativos y los territorios por los que transitan. No busco en este escrito, centrarme en el análisis de obras específicas, más bien busco entregar herramientas de análisis desde donde se logre estudiar los imaginarios geográficos que dibujan las recientes narrativas de migración.
Espacialidades narrativas e imaginarios cartográficos
El incremento y diversidad de los procesos migratorios ha logrado abrir nuevas reflexiones de nuestro presente regidos principalmente por la experiencia de transitar otros territorios distintos a los nuestros. Para la investigadora Nancy Calomarde (2017), el “giro” representa una vuelta de tuerca a los paradigmas de progreso de la modernidad y nos coloca frente a un panorama incierto donde solo nos queda lanzarnos a la experiencia abierta con los territorios. Este conjunto de significaciones atraviesa la escritura contemporánea ampliando el horizonte de conocimiento hacia otras formas de habitar y contemplar el mundo.
Gran parte de los estudios que se acercan a las representaciones de los espacios literarios en América Latina han revalorado la importancia de nuestra noción de espacialidad, por ello, conceptos como territorio, lugar o cartografía se han vuelto cruciales para los estudios literarios. Un acercamiento geográfico hacia la literatura reconoce que la representación de los espacios es comúnmente trasgresora porque establece nuevas relaciones entre gentes, lugares y cosas permitiendo la apertura hacia caminos reflexivos de problemáticas actuales (Tally, 2014). De este modo, la geografía se ha propuesto a recuperar el territorio como un elemento fundamental para acercarse a los distintos fenómenos humanos como el arraigo, el desarraigo, la pobreza y las migraciones que suceden en determinados lugares.
Aquí es clave mencionar al crítico literario Robert Tally quien afirma que “la literatura en tanto ejercicio de ficcionalización si bien crea universos propios, éstos se construyen a partir de un diálogo y una conversación con un contexto más amplio” (2014, p. 28). A lo que se refiere el autor es que las ficciones se encuentran relacionadas con los espacios donde se sitúan, ya sean reales o imaginarios los lugares empiezan a tener un protagonismo no menor para entrar en diálogo con los personajes narrativos. En este sentido, es notable observar las formas en que la literatura da cuenta de los procesos de tránsito entre territorios a través de imaginarios geográficos que se conciben como otras formas estéticas de escritura.
Cuando nos acercamos al análisis de las literaturas de migración es indispensable considerar las particularidades geográficas —de localización— desde donde se narran. Desde el campo de los estudios literarios puede entenderse esta aproximación geográfica como una metáfora empleada para acercarse a los lugares narrados, pero también, puede comprenderse como construcciones espaciales que simplifican la realidad de los espacios narrativos. En este proceso de transformación estas escrituras se van descubriendo como una sucesión de relaciones que se encadenan en una serie de acontecimiento que despliegan dimensiones múltiples que van desde los espacios privados de las emociones hasta las nociones más generales como las consideraciones éticas de los personajes.
Se trata, por lo tanto, de reconocer el espacio literario como una multiplicidad con distintos entrecruzamientos que entran en tensión cuando el personaje se separa de sus propias geografías para entrar en otros territorios (Rodríguez,2008). Esta dimensión de tránsito genera planos en movimiento entregando una visión de velocidad y flujos que se extiende en la experiencia misma del habitar. La literatura de migración puede entenderse como una composición curiosa de relaciones geográficas, es como un ensamblaje natural que permite establecer una composición entre los espacios y nuestras propias experiencias de cruce y/o tránsito.
La dinámica con la que están compuestas estas literaturas, me lleva a pensar, en una producción rizomática de conexiones o puntos de intersecciones que integran la dimensión narrativa de estas escrituras. La noción de rizoma que trabajan Deleuze y Guattari considera el movimiento como fuerzas infinitas que no se componen de sus unidades sino de sus dimensiones, “un rizoma constituye multiplicidades de n dimensiones, sin sujeto ni objeto” (1966, p. 33). La dimensión cambiante y múltiple de dicha teoría, me lleva a proponer la noción de rizoma, como un elemento de análisis que permite comprender las múltiples conexiones existentes entre territorios y personajes narrativos. En este sentido, una lectura rizomática a estas obras logra dibujar/desdibujar caminos y conexiones posibles para conformar cartografías muchos más amplias de fenómenos socioculturales.
El rizoma, por lo tanto, es un mapa que se opone al calco —advierte Deleuze— porque esta enteramente dirigido hacia una experiencia de la realidad. El mapa forma parte del rizoma al estar abierto y conectado en todas sus dimensiones haciendo parte del todo en una totalidad múltiple. Estos mapas desbordados entre yuxtaposiciones, dislocaciones y dimensiones infinitas abren un espacios teórico y poético para ensayar nuevas interpretaciones territoriales. De este modo, los espacios son entendidos en estas literaturas desde una dinámica del transitar que logra múltiples experiencias sensoriales que se vierten sobre estas geografías ampliando los sentidos de interpretación en la obra misma. Siguiendo lo anterior, coincidimos con la escritora Susan Sontag (1996), al afirmar que la función interpretativa de las artes debe buscar recuperar nuestros propios sentidos para ver más, oír más, sentir más; para así complejizar nuestras propias experiencias con las obras.
Desde esta perspectiva, el intento que se realiza al proponer una lectura rizomática a estos fenómenos migratorios nos posibilita acercarnos hacia una interpretación afectiva que involucra diversas formas de sentir/pensar bajo conexiones múltiples de sentidos. Los mapas, por lo tanto, son analizados desde sus diversas formas visuales que nos ayudan acercarnos hacia una praxis de transformaciones que se caracterizan por sus desplazamientos fronterizos. Es así, como los territorios aparecen en estas literaturas de migración como eje central de interpretación que nos lleva hacia una composición de la multiplicidad generando puntos de encuentros con los personajes literarios. En este sentido, los lugares transitados se convierten en mapas afectivos que provocan redes de movimiento en un ejercicio donde confluyen diversos territorios y temporalidades.
Estos imaginarios cartográficos que produce la literatura de migración son producto de las crecientes movilidades humanas que han generado nuevos fenómenos de estudios. En este punto me detengo para preguntarnos: ¿Pueden estas literaturas construir mapas de zonas o lugares referidos como reales?, ¿desde qué espacio geográfico-cultural la literatura hizo evidente que era necesario incorporar las fronteras?, ¿dónde apuntan estas literaturas? La tentativa por tratar de responder a estas preguntas me lleva a situar América Latina como un referente investigativo para trabajar las escrituras de migración desde sus desplazamientos geográficos. La singularidad que adquiere el continente como referente entrega otras características que apuntan a evidenciar las fronteras como herramienta discursiva donde se problematizan fenómenos como la migración. En esta medida, la geografía se sitúa en estas literaturas como un lugar epistemológico de conocimiento y no como una mera descripción gráfica de interpretaciones de un terreno. De esta forma, la cartografía además de explicar la realidad nos proyecta más allá de nuestras propias fronteras implícitas en un acto estético de nuestras configuraciones sensibles.
Se trata, como lo indica Rancière (2009), de llevar nuestros sentidos hacia otras interpretaciones literarias donde las ficciones se entrecruzan con lo real. Bajo esta mirada, el ejercicio de ficcionalización adquiere efectos sobre lo real constituyendo un significado de palabras e imágenes en la obra literaria utilizando elementos referenciales de lugares y personas. Desde mi punto de vista, estas narrativas de migración colocan la frontera como un espacio estético caracterizado por una georreferenciación concreta que le da cierto soporte de realidad a la obra ficcional. Como lectora he logrado transitar a través de estas literaturas otros paisajes, lugares, naciones, climas y territorios en un viaje espacial por los límites fronterizos de nuestro continente desafiando barreras de todo tipo y deconstruyendo cartografías. Además, he visto reflejada mi propia historia de migración y la de mi familia en la vida de estos personajes tan reales y corrientes como nosotros mismos.
Bibliografía
Calomarde, N. y Donadi, F. (2017). “Constelaciones territoriales en la literatura y el arte contemporáneo de América Latina”. En: RECIAL, VIII, (12).
Calvino, I. (2002). Las ciudades invisibles. España: Siruela.
Deleuze, G. y Guattari, F. (1966). Rizoma. México: Ediciones Coyoacán.
Pizarro, A. (2004). El sur y los trópicos. Ensayos de cultura latinoamericana. En: Cuadernos de América sin nombre. N°10.
Rancière, J. (2009). El reparto de lo sensible. Estética y política. Santiago de Chile: LOM.
Rodríguez, R. (2008). Alegoría de la frontera México-Estados Unidos: Análisis comparativo de dos escrituras colindantes. Universidad Autónoma de Barcelona, España (tesis de doctorado).
Sontag, S. (1996). Contra la interpretación. México: Alfaguara.
- Julieth Niño, doctoranda en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile. Realizó una pasantía en el grupo de investigación 09 Estudios Fronterizos del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, del lunes 04 de noviembre del 2024 y al viernes 28 de febrero del 2025. ↩︎
