El 20 de junio se conmemora el #DiaInternacionalDelRefugiado. El escenario para las personas migrantes y solicitantes de refugio no es nada esperanzador en el corto o mediano plazo por la recesión mundial poscovid y por el cierre de fronteras en prácticamente todo el mundo.

Esfuerzos existen desde diferentes organismos internacionales para dar respuesta a las crecientes problemáticas de las personas solicitantes de refugio en el mundo. Respuestas globales a necesidades locales que no necesariamente son las más adecuadas, pero sí un paliativo temporal de una problemática que ha ido en aumento desde finales de la segunda guerra mundial.

El caso que me parece más emblemático, y el que da cuenta de que muchos de estos esfuerzos internacionales no son la panacea, es el de los y las palestinas. Los campos de refugiados que se instalaron inmediatamente después de la ocupación palestina tomaron formas de ciudades perdidas, que siguen marginadas muchas décadas después. Pienso, por ejemplo en Ayda Camp Refugee en Bethlehem, Palestina. Un ejemplo de hacia donde van los campos de refugiado si no se logra la integración de las personas a las comunidades de destino.

Entrada al Ayda Camp Refugee, Bethlehem, Palestina. Foto: Roxana Rodríguez, 2016.

Por otra parte, se apuesta por la política de “integración” en el mundo. Integración de una población vulnerable que lo ha perdido todo y se le condiciona a perder también parte de su identidad psicosocial a cambio de obtener una identidad administrativa, una papel que le permita acceder a ciertos derechos sociales, no a todos, y que la expone continuamente a la xenofobia o a la aporofobia.

Aunado a lo anterior, el escenario se verá recrudecido, si se intenta llevar a un tema de seguridad nacional, mundial, del derecho internacional, el tema de salud, de la pandemia, pues lo que ya hemos observado en otros momentos de la historia es precisamente que cuando se alude a un tema de seguridad, cualquiera que sean sus causas, los resultados y daños colaterales resquebrajan los derechos humanos y especialmente los derechos sociales de las personas migrantes y solicitantes de refugio.

Otro tema para sumar al pesimismo es la mala distribución que existe en mundo de los campos de refugiado o entre los países receptores de solicitudes de refugio. Véanse los datos siguientes:

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Medio Oriente asume la mayor carga de la condición de refugiado, seguido por el continente africano, un solo país europeo y otro latinoamericano (y hay que decirlo, no es México). La apuesta-propuesta si realmente se quiere hacer un esfuerzo por mejorar las condiciones de vida de estas personas, tendríamos que empezar por reterritorializar la condición de refugiado, y eso se logra con una mejor distribución de la riqueza en el mundo, no con esquemas de seguridad internacional.