Diario de la Frontera Sur (parte 1): El Mundial en una balsa / Animal Politico

El pasado mes de julio, Animal Político publicó de manera conjunta con la ONG Round Earth Media una investigación sobre la pesadilla que viven menores migrantes a su paso por México. Ahora, en una serie de cuatro posts, contaremos en primera persona -mochila y cámara de fotos al hombro- las anécdotas y experiencias que dejó el recorrido por una de las zonas más complejas y también peligrosas del Planeta: la frontera sur entre México y Guatemala.  

****

“Bienvenidos a Paso del Coyote”.A ambos lados del mural pintado en la pared con un chirriante color amarillo, una hilera de escalones desgastados nos lleva a la compañera periodista de Estados Unidos con la que comparto investigación y a mí hasta lo alto de un cerro desde el que observamos el lento fluir del río Suchiate; un afluente de poco más de un kilómetro de ancho que traza la línea divisoria entre México y Guatemala, por el que traficantes de personas nombrados en un susurro como ‘coyotes’ –de ahí el jocoso recibimiento del mural- cruzan migrantes de contrabando a suelo mexicano, para iniciar el incierto camino hacia la frontera sur de Estados Unidos.

Ya son más de las tres de la tarde, y los rayos del sol caen a plomo en Ciudad Hidalgo, el municipio del estado de Chiapas que hace frontera con Tecún Umán al otro lado del río. Sobre el espejo de aguas viscosas que se forma en la superficie –escudriño desde el montículo usando la mano a modo de visera-, unas rudimentarias balsas ensambladas con un par de llantas de camión y un viejo palé de madera ‘navegan’ a uno y otro lado de la línea fronteriza, mientras en una paradoja que cae en el surrealismo más absurdo, a tan solo unos cientos de metros de donde esas barcazas cruzan todo tipo de mercancías –desde alimentos y refrescos que evaden impuestos, hasta cargamentos mucho más rentables como drogas, dinero, armas, y sobre todo personas-, los agentes aduaneros y de la migración mexicana miran la escena desde el Puente Internacional Rodolfo Robles, el cruce legal entre México y Guatemala.

Es hora de moverse, me meto prisa.

Comienzo a descender por un declive abrupto, escarpado y arenoso.

Con cada paso, las pulsaciones se disparan.

Respiro.

No es la primera vez que reporteo en ‘territorio comanche’, trato de insuflarme valor. Desentierro muyyyy lentamente la cámara de fotos de las profundidades de la mochila, me la cuelgo al cuello y espero unos segundos las reacciones a mi alrededor. Nada sucede, o eso parece. Cambio el gran angular por el telefoto y –plac, plac- tomo fotos aquí y allá para mitigar esos pensamientos que, desde que dejé atrás el mural de ‘bienvenida’, me hacen ver por doquier a gente de sonrisa extraña que me pone el dedo con llamadas de celular para avisar a los halcones del crimen organizado sobre la presencia de un periodista en la zona.

Sin embargo, para mi sorpresa, en la ladera del río el ambiente no puede estar más relajado: en el improvisado embarcadero construido a base de sacos de arena, las balsas emiten sonidos relajantes debido al hipnótico roce de los neumáticos con la superficie rugosa de la orilla. Y debajo de una rudimentaria garita de techo de uralita, grupos de personas -cervezas de lata en mano- lanzan animados ‘¡uuuy!’ frente a un transistor del que emana la crónica en directo del partido España-Holanda del Mundial de Brasil.

“¡Cuidado, ahí viene el gol –el ritmo monótono de la narración se torna frenético en un abrir y cerrar de ojos-. Cuidado porque ahí viene el gol, ¡¡¡ahí viene!!! ¡¡¡ahí viene!!!…”

Los balseros se levantan en un gesto eléctrico de las sillas de plástico, y derraman por la emoción algo de cerveza en el suelo arcilloso.

Entonces, el estallido.

“Gooooooollllllllllll… ¡Van Persie! ¡Van Persie! ¡Cuatro! ¡Cuatro! ¡Cuatro! ¡Cuatroooo!… Goooooooooollllllll”.

“¿Pero… qué le está pasando a España? Qué madriza les están poniendo, caray. ¡Ya llevan cuatro!” –lamenta con el gesto cariacontecido uno de los balseros que se lleva las manos a la cabeza, mientras el resto de compañeros jalea el gol de la Orange como si fuera propio-.

Segundos después, la algarabía da paso otra vez a la calma plomiza. La narración del partido se centra ahora en hacer sangre con las críticas al combinado español -”¡Por favor, que alguien avise a Íker Casillas que ya empezó el Mundial!”, dice con sorna el locutor-, y el balsero contrariado por la derrota española da un trago a la cerveza para digerir mejor el asunto.

“Oye güero, ¿y sí vas a tomar fotos?”

La pregunta repentina me pilla con el pie cambiado –aún estoy tratando de asimilar la debacle de los Xavi, Silva, Iniesta y compañía-. Caigo en la cuenta de que sí, que soy periodista y que vengo a la frontera sur a hacer un reportaje para la ONG estadounidense Round Earth Media y para Animal Políticosobre el calvario que los niños centroamericanos sufren a su paso por México para llegar a Estados Unidos. Entonces, como si despertara atontado en mitad de la noche, vuelvo a la sofocante realidad: llevo ambas manos a la cámara y trato de ocultarla con torpeza en el abismo de la mochila, aunque ya es demasiado tarde.

El balsero da una calada del cigarro que trae en la mano derecha, deja la lata de cerveza en el suelo y se pone en pie.

Suelta el humo sin perderme de vista y hace un gesto seco con la mano a un muchacho que viste una camiseta con el 10 de Leo Messi a la espalda.

Los dos se acercan con paso cansado hasta donde estoy.

Me piden dinero.

“Son veinte pesos”, me dice el de la playera del astro argentino.

Ese es el precio -me explica el tipo con el cigarro humeante apoyado en los labios- que me cuesta entrar a territorio de Guatemala sin pasaporte, ni visa. Como cualquier otro indocumentado.

****

Estas fotos fueron tomadas en el cruce entre El Carmen (Guatemala) y Talismán (Chiapas), desde el Puente Internacional.

La inestable embarcación comienza su travesía abriéndose paso hacia Guatemala.

El lanchero, que hace notables esfuerzos para clavar sobre el fondo fangoso el largo palo que usa como remo, se enjuga de vez en cuando con el dorso de la mano el sudor que le cae por la frente, mientras, con visible desgana, habla sobre su oficio de cruzar mercancías de contrabando sin perder detalle de la narración del partido, que ahora llega desde unos altavoces colocados en la orilla que da inicio a Centroamérica.

“La toca Xavi, Xavi para Iniesta –alcanzo a escuchar que narra el locutor empleando un ritmo cansino y horizontal, como el juego de La Roja en este primer partido de la Copa del Mundo-. Iniesta la toca ahora con Silva, Silva se la devuelve a Iniesta. ¡España toca y toca el balón… ¡¡¡pero no funciona!!!”

Menos de cinco minutos después de zarpar desde México llego a Tecún Umán. Extrañamente, aquí el calor es todavía más insoportable aunque la distancia con Ciudad Hidalgo es un hilo de agua que apenas es perceptible en un mapa. Camino unos pasos, atravieso un arco que sin pudor da la bienvenida a los transeúntes que como yo entran de manera ilegal al municipio, y de inmediato una hilera de tiendas de ropa salen a mi encuentro.

Hasta las puertas de estos locales, es de sobra conocido, los comerciantes mexicanos arriban a diario desde Tapachula, Huitxla, Tonalá, o la propia Ciudad Hidalgo, para comprar a precio de mercadillo polos, camisas, bóxers, pantalones o blusas –algunas de las marcas más glamurosas del planeta-, que luego revenden a precios más caros para sacar unos pesos extra. Sin embargo, esta tarde los locales están vacíos. Y los pocos clientes que deambulan comprobando la calidad del material tienen que rastrear a fondo entre los tenderetes de faldas y playeras Aeropostale para hallar a los dependientes de la tienda, inmersos en los últimos minutos del Holanda-España.

“No hay nada qué hacer en este Mundial”, me dice con una sonrisa cansada y de resignación el muchacho que atiende una ferretería ubicada en el centro de la ciudad, a pocos pasos de la calle repleta de tiendas de la que salí para enfilar la central de autobuses, donde agarraré una combi que me deje en El Carmen para cruzar de vuelta a México por Talismán, estado de Chiapas.

“El tiempo no perdona -lanza un suspiro-. Fueron los mejores del mundo pero su tiempo ya pasó”. Y a continuación, el dependiente me hace un gesto con la barbilla apuntando al televisor donde, en la repetición de la jugada, un Iker Casillas derrotado y por los suelos no es capaz de parar los regates eléctricos de ese espigado ‘10’ de Holanda.

Néh -repite en un susurro el muchacho guatemalteco, sinceramente apesadumbrado por el final de una generación de futbolistas que visten la camiseta de un país que está a más de 10 mil kilómetros de donde nos encontramos-. No hay nada que hacer este año: el Mundial está perdido”.

En efecto, España -alcanzo a escuchar que dice en tonto triunfal el comentarista- acaba de encajar otro gol. El quinto y definitivo gol.”


Link: http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2014/08/15/diario-de-la-frontera-sur-parte-1-el-mundial-en-una-balsa/#axzz3CBTrapdf

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s