“En tu camino están las espinas, en mis manos está limpiarlo”

México, desde la frontera sur hasta la frontera norte, del Atlántico al Pacífico, se ha convertido en uno de los países más violentos del mundo. Entre muchas razones, la más directa es la guerra que el gobierno federal ha emprendido contra el crimen organizado.

Hace años que las personas que trabajamos en la atención humanitaria y la defensa de los derechos humanos de las personas migrantes, hemos levantado la voz para hacer visible la tragedia humanitaria que México provoca a las y los migrantes provenientes de Centroamérica que adquiere la dimensión de un verdadero Holocausto.

Decimos, con datos concretos a la mano, que es una migración forzada; certificamos un flujo migratorio lleno de violencia; constatamos que todas las rutas del migrante desde el sur hasta el norte, son campos minados. Recibimos cotidianamente testimonios de las razones por las que se sigue expulsando a las personas de Centroamérica y de México: pobreza, falta de empleo, persecución de las pandillas, violencia intrafamiliar. Pero el verdadero nombre del monstruo expulsor es el capitalismo salvaje imperante en el mundo.

Es verdad que la pobreza extrema y el desempleo de miles de personas en la región, han disparado a sus niveles más altos la actividad del crimen organizado, pero también es verdad que la política migratoria y antiterrorista impuesta desde Estados Unidos ha alentado su crecimiento.

El crimen organizado, que antes traficaba drogas, pasó a traficar con personas y ahora trafica con todo. Ha podido crecer tanto y hacer tanto daño gracias, en gran parte, a la corrupción de las autoridades de todos los niveles, pero especialmente porque no se ha querido tocar su enorme capacidad financiera con la cual han infiltrado todo el aparato gubernamental y también privado.

En Tenosique, Tabasco, una de las fronteras en el sur de México, La 72, Hogar–Refugio para Personas Migrantes y el Movimiento Migrante Mesoamericano, las y los invitamos para asumir desde el sufrimiento de las y los migrantes, primero, la reflexión en torno a su realidad lacerante; después, la defensa de la dignidad de las personas que tienen que salir de su país expulsados por el sistema imperante, a través de la vivencia del Vía Crucis que empezará en la comunidad de La Palma recorriendo el camino que cientos de migrantes toman hasta llegar a Tenosique, donde abordan el tren carguero. 30 kilómetros de sol, de polvo, de peligros naturales y humanos.

Invitamos a la comunidad en general, a los medios de comunicación, y a la sociedad entera a que nos acompañen el 5 y 6 de abril en esta reflexión activa con la que estamos apostando, una vez más, al cambio de esta historia en otra dirección.

Programa

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